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domingo, 8 de abril de 2018
viernes, 6 de abril de 2018
JUBILADOS ACOMODADOS Y SIN INICIATIVA
Ya es triste que los que se suponen
nos representan en las instituciones, administran nuestros impuestos y parece que
deben velar por nuestro bienestar vivan en un mundo paralelo en el que no
existen ciudadanos sino intereses. La calle ha desaparecido bajo las alfombras.
Es necesario, aunque “molesto”,
admitir decisiones con las que no estás de acuerdo si quien las toma ha sido
elegido democráticamente. Pero es inaceptable que nos quieran vender duros a
cuatro pesetas y que nos tengamos que tragar ruedas de molino
desproporcionadas.
Porque como todo pensionista sabe, no
ha perdido poder adquisitivo y además tiene que estar agradecido porque la
señora ministra Fátima Báñez le ha enviado una carta con los saludos del
gobierno informándole que su pensión ha subido por quinto año un 0,25% o lo que
es lo mismo, en torno a dos euros. -Por cierto, el envío de las cartas ha
costado unos 1,6 millones.-
Un total de 2.462.479 pensiones de jubilación
en España, el 41,85%, son inferiores al salario mínimo. El 62,2% (1,5 millones
de pensiones) corresponden a mujeres, y el 37,8% restante a hombres (930.436
pensiones). Pero según Luis María Linde -gobernador del Banco de España-,
tampoco es para tanto porque aunque las pensiones son bajas, la mayoría de los
pensionistas tiene casa propia.
Como dice Mariano Rajoy, está claro
que no podemos gastar lo que no tenemos y que sería una irresponsabilidad
hacerlo, la cuestión en política -como en una casa- es establecer la prioridad
de los gastos, el arte de la política es el arte de la decisión. Me acusarán de
populista, pero que alguien por favor me explique por qué es más urgente gastar
13.596 millones de euros en 87 cazas Eurofighter o 2.524 millones en 239
tanques Leopard, que gastar al menos una parte de esas cantidades en pensiones
o servicios sociales. ¿Estamos en guerra y no nos lo han dicho?
Como la calle al entrar en los
despachos oficiales se desvanece, hay que salir a gritar fuerte para que recuerden
que existen colectivos muy cabreados con los que se está jugando.
Comentaba estas cosas con mis
compañeros de cortado matutino, cuando un joven de treinta y tantos nos dijo
desde la barra: es que los jubilados son unos acomodados y no tienen iniciativa,
¡qué fácil es quejarse sin hacer nada esperando a que el Estado nos suba la
pensión!
Evidentemente llamó nuestra atención
y continuó. Que junten sus pensiones y hagan una autopista pongamos entre
Albacete y Ponferrada, cuando no tenga ningún ingreso porque nadie haga ese
recorrido el Estado les pagará 4.500 millones de euros. O que inviertan en un
almacén de gas en medio del Mediterráneo y cuando la obra se paralice a medio
construir, les darán 1.350 millones. Que presten a diestro y siniestro una
buena parte de su pensión y cuando no les devuelvan el dinero los rescatarán
con 60.718 millones.
Si los fondos buitre que compraron
las autopistas en quiebra bajo la gestión de ACS, FCC y Ferrovial –propiedad de la familia March, los "Albertos” (Alberto
Alcocer y Alberto Cortina), Miquel Fluxà Rosselló y Florentino Pérez- han conseguido
los 4.500 millones, si la empresa que preside Florentino Pérez ha sido
indemnizada con 1.350 millones por la paralización de la construcción de su
almacén de gas en el Mediterráneo y si los bancos han sido rescatados con
60.718 millones, ¿por qué ellos no?.
Uno de mis compañeros de café, jubilado para más señas, indicó: va a ser
que ellos tienen estudios y nosotros solo nos hemos dedicado al campo y a la
fábrica, que hemos cogido la mala costumbre de tener artrosis, colesterol y
alguna cadera rota y que somos tan insolidarios que nos empeñamos en vivir más
aunque las cuentas macroeconómicas no cuadren.
No, si al final va a ser el ministro de economía el que pida la imposición
de la eutanasia.
Y YO SIN SABERLO
La mejor amiga de mi hija se apuntó este curso a un deporte llamado dodgeball. Desde mi ignorancia deportiva, comenté con el padre de su amiga y me explicó las bondades de este juego, especialmente –según me dijo- la capacidad de reacción, las destrezas motrices, la estrategia, la capacidad de atención y percepción, la visión global y periférica…
Tras unas semanas de entrenamiento y un trimestre de cuotas por adelantado tuvimos su primera competición. Antes de decir nada y dudando de mí mismo consulté con “el señor google que todo lo sabe” y no estaba equivocado: estaban jugando al balón prisionero. Y yo, sin saberlo.
Como no quiero que a ustedes les pase algo parecido aquí se lo cuento.
Tengan en cuenta también que si viendo un programa de televisión el presentador dice que antes de comenzar el show se van a tomar un break para que la staff que está en el backestage haga su trabajo, lo que está diciendo es que antes de comenzar el espectáculo se van a tomar un descanso para que el personal que está en la parte trasera prepare el escenario.
Cuando continúe el programa y les comente la responsabilidad de emitir un programa en primetime y el duro casting que los coach han realizado para que uno de lo concursantes consiga un hit como para darnos un flash, les está comentando que es una gran responsabilidad emitir un programa en horario de máxima audiencia y que los preparadores han realizado una dura selección para conseguir un éxito que nos deje deslumbrados.
Tomen nota si están buscando trabajo, porque puede que los citen en un business center y prueben su ingenio en un brainstorming. Al salir y en esas entrevistas informales quizá les inviten a un nuevo local muy cool de personas vip en el que un dj ameniza el lugar con música new age y en el que usted que ha ido con traje se siente fuera de lugar porque la mayoría viste de forma casual.
O sea, que los citarán en un centro de oficinas para realizar una tormenta de ideas, después irán a un bar acogedor y moderno al que acuden personas importantes en el que un chico pone discos de música suave y usted se sentirá incómodo porque la mayoría viste de forma informal y aparentemente un poco descuidada.
Si en ese lugar entabla conversación con algún cliente, le comentará que está en el business center para asistir a un learning que su empresa ha organizado y aunque más tarde podrá almorzar en un catering todavía le quedará tiempo para acudir al gym a sus sesiones con su personal trainer. Traduciendo: la empresa ha organizado unas sesiones de formación o aprendizaje y un servicio de comida a domicilio les servirá la comida aunque más tarde irá al gimnasio para las sesiones con su entrenador personal.
Acuérdese también que si llama a su hijo y no puede acudir porque está online comentando los videos de su influencer favorito para conseguir muchos followers que le den un like, es una cuestión muy importante porque además sus amigos están en el ciber y pueden responder a sus post. Por cierto papá: ¡necesito cash!
O sea, que su hijo está conectado en internet comentando las ocurrencias de un chico o chica que a nosotros nos parecen tonterías intrascendentes para conseguir que otros chicos le sigan en sus redes y le den al icono de “me gusta”. Es importante porque sus amigos están en un local con internet y pueden responder a los comentarios que él publica. Ah! por cierto, su hijo necesita dinero.
Nosotros que ya somos muy antiguos, mandaremos un email o un sms y haremos zapping mientras esperamos que algún amigo responda nuestros wassap.
Pero tenemos que mantenernos al día para no parecer vintage y por favor, no me hagan un spoiler de este artículo. Quiero decir, no sea usted antiguo y no destripe mi artículo contándoselo a sus amigos.
NUNCA NADIE HABLARÁ DE ELLOS.
Mihai, Oana, Sorín, Cosmina, Ionela y Costel son este año alumnos de bachillerato. Dos han cometido el delito de dormirse en los laureles en la primera evaluación, el resto ha sacado buenas notas. En general destacan de la media por su capacidad de trabajo, por no conformarse con calificaciones bajas y por saber aprovechar el tiempo. Por lo que sé de algunos de sus padres uno trabaja de mecánico, una madre en una empresa de montaje y otra como empleada del hogar.
No hace mucho vino a verme Mihaela, este curso pasado acabó filosofía y está preparando el master de educación. Sus padres trabajan todas las horas del mundo en hostelería para que ella y su hermana puedan pagar el piso e ir a la universidad.
Alexandra fue compañera, profesora de inglés. Habla cuatro idiomas, exigente, no lleva con paciencia que suspendan por vagos.
Por amigos y compañeros tengo noticias de varias empleadas de hogar que nunca se han llevado ni una cucharilla, de albañiles muy profesionales que no trapichean ni son unos chapuzas, de chicas que además de estudiar trabajan porque tienen problemas económicos en casa…
Pero nunca nadie hablará de ellos.
Los medios de comunicación nunca los hará visibles y al mismo tiempo, las noticias negativas sobre algunos de sus compatriotas les colgará el sambenito -al menos- de la sospecha.
Buscada o no, una de las capacidades de los medios de comunicación es hacer que un colectivo pase de la invisibilidad a la visibilidad. Salir en la tele o convertirse en viral a través de las redes sociales es pasar de la imperceptibilidad a la existencia -aunque sólo sean los famosos quince minutos de fama de Andy Warhol-.
Pero las buenas noticias no atraen al público. Hace ya bastantes años hubo en televisión española un programa que se titulaba “Buenas noticias”, no era entonces momento de guerra por las audiencias, pero aun así el programa tuvo un recorrido muy corto.
La información que recibimos es fundamentalmente una información de sucesos –malos-, sucesos que nos dan una visión negativa que no es un reflejo real de la realidad.
A la vista de las noticias que recibimos el mundo es un caos de asesinatos, guerras y desastres naturales, sucesos reales pero que sólo son una pequeña parte de todos los acontecimientos mundiales –muchos de ellos buenos- que permanecen invisibles.
Por eso, pasar de la invisibilidad a la visibilidad no suele ser positivo.
Es positivo que una foto dé visibilidad a un grupo que padece la violencia sea de género, explotación sexual, niños en condiciones laborales esclavistas o refugiados muertos a las puertas de Europa. Pero es negativo que sólo se hagan visibles las acciones negativas de un colectivo que pasa así a estar presente, pero forzando una generalización que perjudica por ejemplo a sus compatriotas.
Los medios de comunicación siguen en nuestro país informándonos de los delitos que cometen los extranjeros, siguen con la costumbre de poner nacionalidad al delincuente siempre que no sea español.
Antes fueron gitanos o marroquíes. En los últimos años ha pasado a formar parte del imaginario colectivo la idea de rumano como sinónimo de delincuente y todo el mundo sabe que si quiere dar una paliza a alguien tiene que buscar a un par de rumanos, que los robos en los polígonos industriales los realizan ellos y que muchas empleadas domésticas rumanas roban en los pisos en los que trabajan.
Por eso, por una vez, hablo de los que nunca se habla. De los que probablemente nunca hablará nadie y que para más inri sufrirán que los vean con reservas, si no ya como delincuentes.
SOLIDARIDAD ESTRUCTURAL.
En situaciones especialmente catastróficas surge en algunos ciudadanos un sentimiento de empatía, de unión por los que de alguna forma se han visto afectados por esa catástrofe.
Estábamos acostumbrados a que esos desastres tuvieran lugar en países lejanos: terremotos, tsunamis o hambrunas. Sin embargo, la crisis económica nos ha traído las desgracias a la puerta de nuestra casa y aunque a veces no las hayamos querido ver –vivimos en el mismo territorio pero en mundos paralelos- el paro o los trabajos mínimamente pagados han traído consigo una enorme tasa de familias que no pueden cubrir sus necesidades básicas, un aumento de la pobreza infantil y energética, y por diferentes motivos, una mayor marginación: dos millones y medio de niños son pobres, se han realizado más de 600.000 desalojos hipotecarios, el impago en facturas de gas o electricidad se ha disparado y ha aumentado la xenofobia.
Aquellas huchas del domund para países tercermundistas conviven ahora con bancos de alimentos para nuestros vecinos, con recogida de material escolar para compañeros de la misma clase y con donaciones para medicamentos de niños y jubilados.
Es verdad que somos un país solidario y que cada campaña bate el record de la anterior, pero la solidaridad como un acto voluntario ante un hecho puntual no es suficiente. La solidaridad tiene que estar presente en la estructura de la sociedad: en sus leyes, en el reparto de la riqueza de forma proporcional y justa.
Poder comprar el material escolar, comer carne un día a la semana, tener una vivienda o poder pagar la electricidad no puede depender ni de las donaciones, ni de que haya personas dispuestas a dedicar su tiempo a ONGs.
La buena voluntad, la solidaridad como hábito individual es una virtud ética. Pero la virtud ética tiene que convertirse en norma jurídica para que esa solidaridad individual sea solidaridad estructural consolidada y garantizada por los poderes públicos. No sólo tenemos que ir poniendo parches a cada situación concreta sino que tenemos que analizar cuáles son las causas de esa situación y realizar los cambios necesarios para que en lugar de crear estos hechos, la estructura social los evite.
En este momento crecemos por encima de la media europea, pero ese crecimiento de la riqueza no se refleja en los sueldos sino que aumenta la diferencia entre los que más tienen y los que menos. En los años más duros de depresión las grandes fortunas han aumentado en España un 50%, el país –con diferencia- que más han aumentado en relación a la media europea, al mismo tiempo que comenzada la recuperación es uno de los países que menos han aumentado los salarios y más ha incrementado la precariedad. Ha habido una importante crisis económica, pero también ha habido una profunda crisis en el sistema de redistribución de la riqueza, en la justicia social.
Y una de las cuestiones más graves: no sólo es pobre el que no tiene trabajo, sino que personas que trabajan sus ocho horas siguen siendo pobres porque los sueldos y sus condiciones de trabajo no son suficientes.
Hablar de redistribución de la renta se relaciona inmediatamente con subida de impuestos, cosa que provoca un rechazo casi inmediato. Pero la redistribución de la renta ni es sólo una cuestión de voluntad individual ni es necesariamente una cuestión de impuestos gestionados por el estado. La redistribución de la riqueza comienza con unos salarios justos, con un reparto de los beneficios en las nóminas que reduzca la vergüenza cada vez más cotidiana en las empresas: beneficios multimillonarios y sueldos escasos en condiciones laborales cada vez peores en las que no sólo se han perdido derechos, sino que es “peligroso” solicitar los derechos que legalmente te pertenecen.
JUSTICIA INDEPENDIENTE
En España, desde hace mucho tiempo y con varios gobiernos de signo diferente, la justicia tiene un grave problema: los ciudadanos perciben que no es un sistema independiente.
En el último informe de la Comisión Europea sobre los indicadores de la justicia, el 48% de los españoles tiene una percepción mala o muy mala de la justicia. De los veintiocho países comparados, somos el número veintiséis en cuanto a la mala percepción que tenemos de nuestro sistema judicial y entre las causas por las que creemos que la justicia no es independiente, el 49% piensa que es por la injerencia de los políticos.
El problema puede ser grave o muy grave. Grave si la no independencia judicial es sólo una percepción. Muy grave, si realmente el sistema no es independiente.
El primer caso –que sea sólo nuestra percepción- se puede explicar por la responsabilidad de los individuos que actúan como miembros de un colectivo y por nuestra tendencia a generalizar.
Si un individuo realiza una acción siendo mayor de edad y en plenas facultades mentales es responsable de esa acción. Si esa acción la realiza como miembro de alguna asociación, partido político o cualquier otro colectivo, no está tan claro hasta dónde llega su responsabilidad y dónde comienza la del grupo. Por eso, la responsabilidad de los individuos que pertenecen a algún tipo de colectividad es doble: son responsables de si mismos individualmente tomados y son también responsables del colectivo al que pertenecen.
Esa responsabilidad incluso puede ser triple si al cometer irregularidades o delitos en sus cargos están también poniendo en cuestión la institución a la que representan. Por ejemplo, alguno de los poderes del Estado.
De esta forma, es fácil crear una mala imagen de la justicia cuando unos pocos miembros de ese colectivo no son imparciales.
El segundo caso –que la justicia no sea realmente independiente- sería la otra cara de la moneda y a la que nos llevan otros indicadores.
Hay indicios que podemos considerar de poca entidad porque puedan estar muy mediatizados o sean casos muy llamativos que ocultan una mayoría de sentencias que consideraríamos justas –por ejemplo la impresión que muchos tienen del caso Urdangarín-. Es más importante la consideración de denuncias reiteradas a lo largo de años y del mandato de diversos gobiernos hechas por los directamente implicados en los procesos judiciales: jueces, fiscales, abogados. Denuncias que se refieren a los intentos del poder político para controlar al Consejo General del Poder Judicial, al Tribunal Supremo y los Tribunales Superiores de Justicia. Denuncias que se refieren a nombramientos políticos como el del Fiscal General del Estado. Denuncias por investigaciones a jueces que cuestionan los nombramientos o cuando la juez Alaya alerta de la interferencia política en los casos de corrupción.
Teniendo en cuenta estos dos opciones, podemos considerar que una mayoría de jueces pueden equivocarse pero son imparciales, al mismo tiempo que hay una duda razonable sobre la independencia de las altas instancias judiciales.
Ahora, la intención del gobierno de modificar la Constitución –intención que ha durado poco más que la independencia catalana-, podía haber sido un buen momento para establecer claramente la separación de poderes y conseguir una visión más positiva de la justicia. Así, quizá en otra ocasión, no sería necesario insistir por activa y por pasiva en la independencia judicial cuando se encarcela a un gobierno autonómico. En su lugar, al menos un amplio consenso en el nombramiento del nuevo Fiscal General del Estado ayudaría.
Aquí, el gobernante si que gobierna para todos, las instituciones son de los ciudadanos y sobrevivirán a los nombres propios y a las siglas del partido –sea el que sea- y es por tanto su obligación fundamental poner el prestigio de esas instituciones por encima de su buen nombre, de las penas de cárcel o de los votos de las próximas elecciones.
lunes, 9 de octubre de 2017
DIALOGAR
Parece que no hay duda de que el diálogo y el respeto son
elementos fundamentales para una convivencia democrática. Serían puramente
anecdóticos los grupos políticos que reconocieran que sus decisiones no se
toman de esta forma. Sin embargo, esta corrección política no siempre conlleva
una práctica real.
Si el diálogo se bloquea y se pierde el respeto a otras opiniones,
estos elementos fundamentales desaparecen. Y esto sucede cuando se consigue extender como afirmación
incuestionable que “todo el que no comparta mis opiniones mantiene una posición
absolutamente mala y reprobable: condenable”. Como consecuencia, pretendo que
tal condena anule de antemano sus propuestas.
Un tipo de falacia –engaño o mentira- es desacreditar al otro por
alguna característica o acción queriendo desacreditar así lo que afirma.
Estamos muy acostumbrados a escuchar este tipo de engaño cuando
oímos los famosos “y tú más” o “y tu también”: te acuso de cobrar comisiones
ilegales y te defiendes diciendo que yo pago facturas sin IVA, pero una cosa no
quita la otra. Que yo haya pagado facturas sin IVA no tiene nada que ver con
que tú hayas cobrado comisiones ilegales. Quizá no tenga autoridad moral para
pedirte cuentas, pero eso no quita veracidad a mi afirmación.
Si ampliamos el foco de esta falacia, primero desacredito a todo
un grupo atribuyéndole una etiqueta que lo demoniza. Y después, queda así
condenado de tal forma que cualquier propuesta que pueda hacer está ya
descartada por su procedencia.
Se crea por ejemplo la falacia de que si no soy favorable al
referéndum catalán unilateral no soy demócrata. O de que si defiendo la
celebración de un referéndum acordado y por tanto legal soy antiespañol.
En Navarra ya hace muchos años que lastramos la idea de que sólo
son progresistas los nacionalistas, aunque el mismo Marx no sea nacionalista.
Con menos repercusión los regionalistas han tachado de “mal navarros” a los
nacionalistas.
Se habla de constitucionalistas como prácticamente sinónimo de
demócratas frente a los anticonstitucionalistas como prácticamente sinónimo de
traidores a la democracia, cuando realmente el anticonstitucialismo busca un
cambio en la Constitución y no su desaparición.
Se aplica este engaño cuando hago pensar que cualquier postura que
defienda mantener principios o normas ya establecidas es una postura
retrógrada, heredera del franquismo o defensora de la explotación. O en sentido
inverso, todo lo que sale de lo ya establecido o de lo políticamente correcto
conduce al desastre.
No ser demócrata, ser antiespañol, no ser progresista, ser mal
navarro, ser anticonstitucionalista, llevarnos al desastre, ser franquista o
explotador, son condenas que pretenden invalidar cualquier afirmación que
provenga de los grupos así etiquetados.
Si condeno de antemano y de forma global, el diálogo queda anulado
y dejo de respetar las propuestas de quien he condenado por ejemplo como antiespañol
o explotador.
Simplificando las posturas a grupos cerrados en los que no
distinguimos afirmaciones sobre multitud de temas, reducimos la convivencia de
las diversas opiniones y bloqueamos acuerdos sobre temas puntuales. Caemos así
en absurdos como aprobar cuando gobierno la misma cuestión a la que me opuse
cuando estaba en la oposición, impidiendo o retrasando no por su contenido sino
por su origen medidas ampliamente aceptadas.
Más simple y más fácil, pero más pobre y menos democrática. La
condena preventiva me protege en un bunker creando espacios cerrados e
infranqueables que dificultan la conversación y por tanto perjudican la convivencia,
favorecen el enfrentamiento irracional y el rechazo sistemático de los
etiquetados por mi mismo con algún tipo de maldad inaceptable.
lunes, 21 de agosto de 2017
LOS PARTIDOS QUE NOS MERECEMOS.
Si es verdad que cada uno tiene lo que se merece no hemos debido ser muy
buenos ciudadanos ya que tanto a derecha como a izquierda nos encontramos con
unas posibilidades en forma de partidos políticos que dejan mucho que desear. –Seguiré
utilizando estos conceptos de derecha e izquierda aunque ya no parecen lo
suficientemente nítidos como para situar a los actuales partidos.
No depende de tener unas ideas u otras, sino de la calidad de cada opción al margen de las ideas políticas que proponga.
En el centro – derecha, un partido marcado profundamente por la corrupción.
Por muchos "hilillos de plastilina" que nos quieran vender, por muchos casos aislados que nos quieran colar y por infinidad de cargos y militantes honrados que haya, el Partido Popular ha sido “tocado” por un enorme número de casos de corrupción a un nivel tan alto en su escala de cargos que es ya imposible desligar sus siglas del concepto de corrupción con mayúsculas. Sus líderes por culpa, o como dice Esperanza Aguirre " in vigilando", tienen dificultades para conservar la confianza de sus propios votantes, no ya en las políticas que desarrollen, sino en su honradez o en su capacidad para detectar que los cargos más directos que trabajan en el despacho de al lado dirigen tramas organizadas de corrupción.
Esta situación es mucho más grave cuando estas tramas llegan a corromper las estructuras fundamentales del Estado de Derecho. Es decir, cuando los organismos externos de control no funcionan, cuando la justicia es partidista o cuando los propios cargos ponen trabas a la función para la que han sido nombrados. Al Tribunal de Cuentas se le escapan las irregularidades en la financiación de los partidos, la sentencias son previsibles en función de los magistrados que las dicten y el fiscal anticorrupción es acusado por sus colegas de dificultar investigaciones anticorrupción.
En lugar de “si van a robar que roben los míos”, los votantes de centro derecha merecen un o unos partidos limpios y nítidos que ganen elecciones ofreciendo ideas y una gestión limpia y honrada.
En el centro – izquierda, desorientación, divisiones y enfrentamientos.
Un Partido Socialista redefiniéndose y reorientándose en su travesía por el desierto. Podemos disputando el territorio desde más a la izquierda pero con algunas decisiones y formas que ahuyentan un necesario voto más centrado.
En resumen, falta de propuestas claras en la izquierda y más interés por vencer al “compañero” que a sus opuestos ideológicos, ningún interés por alcanzar acuerdos viables en torno a ideas fundamentales que pueden unir en lugar de dividir: alternativas a la política de austeridad y recortes, desarrollo de nuevas políticas energéticas, inversión en desarrollo tecnológico, separación clara de poderes, medidas reales anticorrupción, otra forma de afrontar el independentismo, aplicación de la ley de Memoria Histórica, una Comunidad Europea no sólo económica sino también social y solidaria, rehabilitación de las políticas en asuntos esenciales como educación y sanidad…
Y en nuestra particular y añadida clasificación -nacionalistas vascos y no nacionalistas vascos-, partidos nacionalistas con ideas y hoja de ruta muy claras. Un partido de centro – derecha mayoritario pero aislado del resto de partidos, incapaz o incapacitado por sus decisiones para pactar con otros partidos no nacionalistas. Un PSOE navarro que se le espera pero que no está y el resto, una izquierda que a cambio de medidas más sociales ha sacrificado su no nacionalismo pareciendo que haya olvidado que desde sus inicios la izquierda moderna superó el concepto de nación y siempre ha sido esencialmente internacional. “... sería muy conveniente que Batzarre explicase qué hace una formación que se define de izquierdas trabajando por el cambio nacionalista.” José Miguel Nuin, coordinador de Izquierda Unida de Navarra, 2010.
MÁS QUE NÚMEROS
A partir de la Revolución Científica las matemáticas
adquieren un protagonismo excepcional en nuestra metodología para explicar la
realidad.
Su exactitud y precisión aplicadas a la experiencia consiguen –junto
a otros elementos- que en pocos siglos
ciencia y tecnología avancen exponencialmente.
Su éxito en las ciencias naturales tuvo una gran
influencia, y su prestigio se fue y se ha ido extendiendo a un ámbito científico
y social muy amplio.
Sin embargo, aunque esta metodología matemática aporta
precisión, lo hace a costa de dejar fuera aquellos aspectos que no se pueden
cuantificar: identifica lo importante con lo expresable en números.
En este contexto, los padres damos gran importancia a
las notas que obtienen nuestros hijos, pero no podemos caer en el reduccionismo
de pensar que sólo aquello que es numerable es importante.
Las calificaciones que ponemos en los boletines de notas
aparentemente son equiparables y un 9 es mejor que un 6, pero sólo
aparentemente. Detrás de un 6 puede haber mucho más esfuerzo, trabajo y
constancia que detrás de un 9. De hecho, hace ya tiempo que los centros y las
empresas se dieron cuenta que son más realistas unos meses de prácticas que un
expediente: en las prácticas se ve a la persona en su conjunto.
E
sto no significa ni mucho menos que las calificaciones
no muestren un nivel de conocimientos y aptitudes necesarias para alcanzar esa
nota, pero es un reduccionismo pensar que automáticamente es mejor profesional –y
no digamos persona con mas recursos ante la vida- si tiene mejores notas: el
mundo profesional y las relaciones que en él se establecen son mucho más complejas
que las que se manejan en un centro educativo.
Existen multitud de aspectos
importantes que no se califican.
La directora del colegio con mejores resultados en PISA -Hanna
Sarakorpi- dice que su sueño para todos aquellos que han pasado por su escuela
es que la abandonen “conociendo sus fortalezas y debilidades, creyendo en sí
mismos, que puedan soñar y tener grandes esperanzas para su futuro, que puedan
amar y cuidar de las personas que lo necesiten, que quieran saber siempre más”.
Creo que podemos sacar al menos dos conclusiones.
La primera, que aunque nuestra forma de pensar está
configurada por esta concepción cientificista en la que lo cuantificable es lo
importante, las notas no son tan importantes -sobre todo en los niveles de
primaria y casi toda la secundaria-. Que más importante que un “hijo de
sobresaliente” es un “hijo buena persona”, trabajador, que tiene recursos para
solucionar problemas, que disfruta de su infancia, que sabe relacionarse, que
tiene curiosidad, que toca los timbres y sale corriendo para que luego le
echemos la bronca –si es que eso se hace todavía-.
La segunda, que parece por la experiencia de otros países,
que cuanto más importancia se da a aspectos no estrictamente cuantificables
como la curiosidad o la capacidad para resolver imprevistos, mejores resultados
se obtienen en las materias de estudio.
Somos seres complejos que tomamos decisiones en una vida
también compleja no programada ni planificada, vida que diseñamos con unas
decisiones que no se estudian cómo un temario para un examen y que implican
multitud de experiencias, capacidades y aprendizajes.
Simplificar es a veces necesario
porque somos incapaces de abarcar la realidad en su conjunto, pero esta
necesidad no significa que la realidad sea simple.
LOS PRINCIPIOS DE LOS HERMANOS MARX.
Primero inventaron el neolenguaje, luego la posverdad y ahora se han atrevido con la
neológica o la post-coherencia. Con
la llegada de la crisis aprendimos de mano del gobierno que un “gravamen
adicional” es una subida del IVA, que “movilidad exterior” es emigrar cuando no
tienes trabajo en tu país, que un “afloramiento de bases” es una amnistía
fiscal y que cuando hablan de “copago farmaceútico” se refieren a pagar dos
veces los mismos medicamentos.
Más
tarde llegó la llamada posverdad. Posverdad, que en realidad quiere decir que
no importa que sea verdad o que no. Importa que sea emocionalmente aceptada y
creída, aunque no sea verdad.
Se
ha acusado de utilizarla a los partidarios del Brexit, a Donald Trump y tanto a
los partidos tradicionales como a Podemos. Algunos han dicho que la posverdad
ya hace tiempo que tenía nombre, se llamaba “mentira”.
En cuanto a la neológica o post-coherencia no es un fenómeno nuevo. No sé si será mucho decir “desde siempre”, pero estamos bastante acostumbrados a que los principios de un partido, lo que afirma en campaña electoral y las decisiones que toma cuando tiene la posibilidad de gobernar no sean correlativos, incluso sean contradictorios.
Ahora, con un gobierno en minoría que necesita apoyos para sacar adelante leyes y presupuestos, se vuelven a poner de manifiesto este tipo de actos queriendo convencernos de que la llamada responsabilidad política, decisiones de progreso o falta de alternativas –sobre todo si no se buscan- son la coherencia por encima de la tradicional coherencia, son la nueva lógica que quiere hacernos creer en la invalidez de la ley transitiva. Y esto además nos toca de cerca.
El Partido Popular saca adelante sus presupuestos con el apoyo entre otros del PNV, apoyo conseguido a cambio de una renegociación del cupo vasco. Un éxito negociador del PNV con grandes rendimientos para su comunidad a costa de dejar de importarle –al menos deja de estar entre sus prioridades- los casos de presunta corrupción que implican al PP. De esta forma el Partido Popular se refuerza con los apoyos de Ciudadanos y PNV frente a Unidos Podemos y el Partido Socialista.
Ya situados en la época de la post-coherencia, el PNV apoya en Madrid al PP mientras que en Navarra -integrado en Geroa Bai- gobierna frente al Partido Popular. Al mismo tiempo, el PNV en su “coalición para el gobierno navarro” gobierna con los mismos partidos a los que se enfrenta en Madrid.
Madrid: Partido Popular, Ciudadanos y PNV frente a Unidos Podemos y Partido Socialista. Navarra: PNV, Bildu y los partidos de Unidos Podemos frente a UPN, PP y a un “abstenido” Partido Socialista. En este mundo de la post-coherencia, los partidos navarros de izquierda no nacionalista gobiernan en coalición con los partidos de centro-derecha nacionalista. Como si todo el progreso viniera del nacionalismo y todo lo no nacionalista fuera reaccionario.
El regionalista UPN, critica al PNV navarro porque el acuerdo del PNV en Madrid no ha beneficiado a nuestra comunidad, al mismo tiempo que UPN viene dado su voto incondicional a los populares sin negociación al estilo del cupo vasco.
Y entre unos y otros un Partido Socialista entre Pinto y Valdemoro.
Será deformación profesional o incomprensión de la “lógica política”, si puede llamarse lógica. Será un cóctel de pesimismo democrático aderezado por fiscales anticorrupción que presuntamente dificultan las investigaciones anticorrupción. Pero la desesperanza se va apoderando de la confianza que quizá con demasiada alegría habíamos supuesto a un sistema democrático, de la confianza en unos partidos con unos principios como los de los hermanos Marx: si no le gustan estos principios, tenemos otros.
En cuanto a la neológica o post-coherencia no es un fenómeno nuevo. No sé si será mucho decir “desde siempre”, pero estamos bastante acostumbrados a que los principios de un partido, lo que afirma en campaña electoral y las decisiones que toma cuando tiene la posibilidad de gobernar no sean correlativos, incluso sean contradictorios.
Ahora, con un gobierno en minoría que necesita apoyos para sacar adelante leyes y presupuestos, se vuelven a poner de manifiesto este tipo de actos queriendo convencernos de que la llamada responsabilidad política, decisiones de progreso o falta de alternativas –sobre todo si no se buscan- son la coherencia por encima de la tradicional coherencia, son la nueva lógica que quiere hacernos creer en la invalidez de la ley transitiva. Y esto además nos toca de cerca.
El Partido Popular saca adelante sus presupuestos con el apoyo entre otros del PNV, apoyo conseguido a cambio de una renegociación del cupo vasco. Un éxito negociador del PNV con grandes rendimientos para su comunidad a costa de dejar de importarle –al menos deja de estar entre sus prioridades- los casos de presunta corrupción que implican al PP. De esta forma el Partido Popular se refuerza con los apoyos de Ciudadanos y PNV frente a Unidos Podemos y el Partido Socialista.
Ya situados en la época de la post-coherencia, el PNV apoya en Madrid al PP mientras que en Navarra -integrado en Geroa Bai- gobierna frente al Partido Popular. Al mismo tiempo, el PNV en su “coalición para el gobierno navarro” gobierna con los mismos partidos a los que se enfrenta en Madrid.
Madrid: Partido Popular, Ciudadanos y PNV frente a Unidos Podemos y Partido Socialista. Navarra: PNV, Bildu y los partidos de Unidos Podemos frente a UPN, PP y a un “abstenido” Partido Socialista. En este mundo de la post-coherencia, los partidos navarros de izquierda no nacionalista gobiernan en coalición con los partidos de centro-derecha nacionalista. Como si todo el progreso viniera del nacionalismo y todo lo no nacionalista fuera reaccionario.
El regionalista UPN, critica al PNV navarro porque el acuerdo del PNV en Madrid no ha beneficiado a nuestra comunidad, al mismo tiempo que UPN viene dado su voto incondicional a los populares sin negociación al estilo del cupo vasco.
Y entre unos y otros un Partido Socialista entre Pinto y Valdemoro.
Será deformación profesional o incomprensión de la “lógica política”, si puede llamarse lógica. Será un cóctel de pesimismo democrático aderezado por fiscales anticorrupción que presuntamente dificultan las investigaciones anticorrupción. Pero la desesperanza se va apoderando de la confianza que quizá con demasiada alegría habíamos supuesto a un sistema democrático, de la confianza en unos partidos con unos principios como los de los hermanos Marx: si no le gustan estos principios, tenemos otros.
sábado, 10 de junio de 2017
FLEXIBILIDAD Y FUTURO.
Uno de los problemas actuales de los grandes grupos -sean empresariales o políticos- es su lentitud y falta de flexibilidad para adaptarse a los cambios.
Cuando el mundo “funcionaba más lentamente” sus dimensiones no eran inconveniente sino ventaja: más medios, más experiencia y un sistema de funcionamiento estable y consolidado suponían una posición preeminente sobre sus competidores.En la actualidad vemos como el diseño, las prestaciones, las modas… han acelerado el proceso de cambio y paralelamente empresas que en un momento son punteras y producen grandes beneficios, pasan en poco tiempo a ser absorbidas y desaparecer.
Cuando el mundo “funcionaba más lentamente” sus dimensiones no eran inconveniente sino ventaja: más medios, más experiencia y un sistema de funcionamiento estable y consolidado suponían una posición preeminente sobre sus competidores.En la actualidad vemos como el diseño, las prestaciones, las modas… han acelerado el proceso de cambio y paralelamente empresas que en un momento son punteras y producen grandes beneficios, pasan en poco tiempo a ser absorbidas y desaparecer.
Las en otro tiempo ventajas de
los grandes grupos se convirtieron en lastre. Las nuevas empresas creadas por
jóvenes emprendedores llegaron aportando la ilusión, el dinamismo y la
capacidad de adaptación propias de la juventud y careciendo al mismo tiempo, de
las resistencias al cambio propias de tradicionales jerarquías y formas de hacer
obsoletas.
En este contexto surgen iconos
como Steve Jobs que con su iMac, iBook, iPod, iPhone en poco tiempo revolucionan el mundo.
“Revoluciones” en la forma de entender la banca: “fresh banking” (banca fresca) frente a
los serios y grises bancos que a remolque han ido cambiando. Compañías de
seguros con logos, músicas y productos nuevos adaptados a los cambios sociales.
Y así un sinfín de nuevos negocios o de nuevas formas de entenderlos que se han
acomodado a la nueva realidad dejando atrás las tradicionales empresas que no
han sido capaces de hacerlo.
Ahora, además de mantenerse en
el día a día, una empresa de éxito debe identificar y anticipar la dinámica del
mercado, buscar las oportunidades que se le ofrecen y crear alternativas de
futuro que generen una diferencia positiva frente al resto.
Estos cambios y estas
características son también aplicables al ámbito político.
Los grandes y tradicionales
partidos se han movido durante décadas como maquinarias pesadas, con jerarquías
prácticamente hereditarias –nombradas a dedo- y situadas en una situación de
estabilidad en la que tenían garantizada la alternancia.
Si incluso tras las corrupciones
y los fracasos electorales se resisten al cambio y a la regeneración ofreciendo
como alternativa más de lo mismo, mucho menos han sido capaces ni se han
dedicado con eficacia a anticipar la dinámica social y los cambios en el
electorado.
Tanto el progresivo descenso
de votantes entre los más jóvenes como sus altos niveles de abstención, los
cambios en las cuestiones que los electores consideran fundamentales o las
consecuencias de encerrarse en sus planteamientos, son cuestiones que no se han
previsto o a las que no se ha encontrado una respuesta adecuada.
Concretando: los partidos no
nacionalistas van perdiendo progresivamente votantes entre los más jóvenes, la
izquierda abertzale no se dió cuenta hasta después de las elecciones que a los
jóvenes –en favor de Podemos- les preocupan más los asuntos sociales que los independentistas,
los partidos no nacionalistas son incapaces de poner en segundo plano sus
propuestas particulares en favor de su no independentismo –cosa que si hacen
los nacionalistas en beneficio del nacionalismo-, los partidos que teniendo
mayoría han mantenido una posición de aislamiento con respecto al resto no
tienen con quien pactar cuando ya pierden esa mayoría.
Mientras tanto, se culpa a los
demás de alcanzar el gobierno utilizando los mecanismos legales en vigor, se
intenta disimular la derrota considerando triunfos lo que sólo son pequeñas
victorias –seguimos siendo el primer partido de la oposición- o se culpa a los
otros de no querer llegar a acuerdos pretendiendo al mismo tiempo no ceder un
ápice en sus aspiraciones.
El en otro tiempo famoso “cambio”
en las ideas políticas, tiene que ser ahora un cambio en la forma de hacer
y funcionar.
lunes, 6 de febrero de 2017
¿EL IMPERIO DE LA LEY?
Por muy optimistas que seamos parece que “la bondad del género humano” no da como
para pensar en una convivencia en la que no existan normas.
A
estas alturas de experiencia histórica, parece también lógico que obedecer las
leyes es un imperativo incuestionable: ¿cómo podríamos mantener que las leyes
sean necesarias pero que no sea necesario su cumplimiento?.
Además, parece también necesario que los sistemas legales establezcan mecanismos de coacción para que sus normas se cumplan –servicios a la comunidad, multas, cárcel...-. Pero la realidad no es tan simple: muchas injusticias en su momento, fueron legales.
Además, parece también necesario que los sistemas legales establezcan mecanismos de coacción para que sus normas se cumplan –servicios a la comunidad, multas, cárcel...-. Pero la realidad no es tan simple: muchas injusticias en su momento, fueron legales.
Legal
fue la segregación y separación de espacios entre blancos y negros en la
américa de Martin Luther King y legal fue la imposibilidad de votar a quienes no
alcanzaban determinada renta o a quien era mujer. Legal fue también encarcelar
a las personas homosexuales por el hecho de serlo o el impedimento a las
mujeres para abrir una cuenta bancaria.
A la
vista de estas situaciones, ¿podemos afirmar la incuestionable necesidad de obediencia
a la ley establecida? ¿podemos mantener inexorablemente el “imperio de la ley”?.
O dicho de otra forma: ¿tienen las leyes algún límite superior a ellas mismas?
Esto
nos lleva a dos cuestiones que están entre lo legal y lo moral.
Cuando
en 1948 se aprueba la Declaración Universal de los Derechos Humanos su
intención es que ninguna persona en el mundo pueda ser privada de lo que se consideran
derechos fundamentales: se realicen estas privaciones al margen de la ley o bajo
la legalidad vigente en un estado –la Alemania nazi está entonces en la mente
de todos-.
Tras
la Segunda Guerra Mundial, los Derechos Humanos quieren constituirse en un
límite a la autonomía legislativa de cada país y por tanto, limitar ese
pretendido imperio de la ley.
Si
bien la formulación de estos Derechos constituye un gran avance histórico, su
aplicación posterior no lo ha sido tanto cuando por ejemplo la propia Comunidad
Económica los incumple y no existe una institución internacional capaz de
asegurar su cumplimiento.
No
hace falta rebuscar en la historia para encontrar alambradas y soldados
impidiendo la entrada en Europa de hombres, mujeres y niños que huyen de la
guerra. Ahora mismo la Comunidad Económica incumple claramente el artículo 14.1
de la Declaración Universal -“En caso de persecución, toda persona tiene
derecho a buscar asilo y a disfrutar de él en cualquier país”- y los refugiados
sirios se agolpan contra las alambradas europeas.
Junto
a este aspecto de corte más legal encontramos la vertiente moral.
Podemos
remontarnos a Séneca, Antígona o Santo
Tomás de Aquino para hablar del derecho –y la obligación- de obedecer a nuestra
propia conciencia antes que a las “leyes de la ciudad”. La conciencia
individual se constituye así en otro límite al “imperio de la ley”.
En
la reciente historia española el movimiento de insumisión al servicio militar
ha sido el más largo en el tiempo y el que más personas ha conseguido implicar.
La objeción de conciencia se ha alegado también en el ámbito sanitario, en el
pago de los impuestos dedicados a la guerra o para que no se cursara Educación
para la Ciudadanía. En estos casos, las personas han puesto su conciencia como
límite de la ley.
Es
cuestión jurídica que la propia legislación regule la posibilidad o no de la
objeción de conciencia -en la mayoría de los casos no lo hace- y no es fácil ni
cómodo oponerse a la legalidad establecida cuando el hecho de no cumplirla te
convierte en “raro”, delincuente, preso o en todo al mismo tiempo.
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Son
necesarias las leyes y hasta cierto punto su “imperio”, pero también es
necesario que autorregulen de forma efectiva sus límites y el respeto a la
variedad social que abarcan, que establezcan los mecanismos para su
modificación y que no sean una escusa para mantener la injusticia.
miércoles, 4 de enero de 2017
MUROS Y CONSUMISMO.
No hace tanto tiempo –desde un punto de vista histórico- que la feria de mi pueblo era centro de atracción para toda la comarca. Por su forma de vestir, por su acento o por las canciones en la taberna
después de la merienda, se identificaba sin lugar a dudas a los del Roncal, los de Ochagavía o los de los pueblos de las Cinco Villas aragonesas.
Esto ocurría, porque no hace tanto tiempo, buena parte de la identidad individual que nos diferenciaba del resto, que formaba parte de nosotros mismos y nos hacía diferentes, venía definida fundamentalmente por dos aspectos: nuestra cultura particular y nuestra conciencia de pertenecer a un
grupo económico diferenciado. Pero en la parte del mundo que llamamos desarrollado las cosas han cambiado.
En el primer aspecto la música, pero también la forma de vestir, expresiones y vocabulario, creencias e historias, ética y aspiraciones -diversidad cultural siempre rica-, desaparecieron como consecuencia del cambio económico y social.
En el segundo, nuestra conciencia de formar parte de grupos económicos diferenciados también se ha
reducido considerablemente, y con ella los intentos y demandas de un cambio en la organización social.
A lo largo de la historia esta conciencia llevó al esclavo a conseguir la libertad y al trabajador de la revolución industrial a la regulación y progresiva mejora de sus condiciones laborales.
El sistema económico basado en el consumo se ha ido imponiendo progresivamente y ha ido cambiando esta situación, las diferencias culturales prácticamente han desaparecido y la situación en el proceso productivo ha perdido relevancia. La uniformidad se ha impuesto.
En el ámbito cultural la forma de vestir, la música, las celebraciones… nos han hecho iguales a todos los demás: los centros comerciales y sus tiendas, papá Noel, Halloween o Lady Gaga, han borrado cualquier diferencia.
En el ámbito económico lo primordial ya no es ni nuestra posición en el sistema productivo ni nuestras condiciones de trabajo, lo importante es nuestra capacidad de consumo aunque para eso tenga que trabajar doce horas al día.
El consumismo ha derribado los muros que dificultaban su desarrollo: las diferencias culturales eran un muro para el sistema de producción en masa de las mismas camisetas, de los mismos móviles. Las
fronteras entre países eran muros para su sistema de producción y distribución global. Nos han simplificado.
Sin embargo, las desigualdades en derechos fundamentales se han mantenido, este muro hay que mantenerlo porque nos interesa mantener países sin derechos básicos en los que se produzca para el resto.
La posición de consumidor se ha convertido en mayor o menor medida en la posición universal de todos los ciudadanos de los países desarrollados, ahora todos somos ͞consumidor estándar͟.
Desde esta posición, algunos piensan que la vuelta a la creación de fronteras políticas y/o económicas
basadas en similitudes culturales o en cualquier otro criterio es la solución al problema. Pero si nos atenemos a las experiencias históricas, estos intentos no han contribuido a una mayor justicia, sino a la creación de otro muro dentro del cual unos se han creído superiores, con más derechos y menos obligaciones de reparto. ¿Diferentes derechos sanitarios o educativos en función de tu lugar de nacimiento o residencia? Una cosa es no perder la identidad que nos diferencia y otra hacer de ella una separación.
Avanzar no es perder nuestras diferencias, nuestra variedad es riqueza. Pero al mismo tiempo, avanzar tampoco es encerrarnos en ellas. Progreso en el sentido de mejora es extender los Derechos fundamentales sin muros, hacer que de verdad sean Humanos y por tanto establecer las estrategias para que ningún interés mantenga la separación entre quienes más o menos los tienen y quienes los desconocen.
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