miércoles, 7 de noviembre de 2018

FILOSOFÍA, EL REGRESO.


Volvemos contra pronóstico. No contra uno, sino contra dos.
Contra el pronóstico de que la filosofía no ampliaría sus horas lectivas cabía cierta esperanza, los partidos habían manifestado su disposición. Pero contra el pronóstico de que fuera ahora, precisamente cuando no se ponen de acuerdo en nada, ha sido una sorpresa. Por algo se empieza, y no está mal que comiencen con la filosofía.
Este regreso plantea sin embargo algún problema al mismo tiempo que puede ser una buena oportunidad para repensar la metodología y los contenidos de la materia.
El problema que plantea no nos afecta directamente a los profesores aunque si levantará alguna ampolla entre compañeros de otras materias. Una vez superada la dificultad de introducir una asignatura que no se imparte, surge una dificultad añadida: ¿qué horas se quitan para impartir la materia que no estaba? Políticos y asesores tiene el gobierno para decidirlo.
La segunda cuestión no es que dependa totalmente de nosotros, pero si que tenemos alguna implicación más: ¿la filosofía debe seguir impartiéndose como hasta ahora o es momento de plantearnos una nueva forma de hacerlo?
¿Qué enseñamos: filosofía o a filosofar? Hasta cierto punto ambos están muy unidos, pero no son exactamente lo mismo.
La filosofía es el estudio de problemas fundamentales y de las soluciones que se han dado a lo largo de la historia. la existencia, el conocimiento, la verdad, la belleza, la moral, el lenguaje…
Filosofar es la actitud de hacerse preguntas y buscar respuestas, de no aceptar lo aprendido porque sí, de buscar el rigor en los razonamientos…
Desgraciadamente, con demasiada frecuencia –por ejemplo según el examen que se haga en la EvAU-, la enseñanza de la filosofía se convierte en impartir unos contenidos que no dicen nada a los alumnos y que reescriben de memoria en el examen.
Cuando en las declaraciones de intenciones defendemos la necesidad de la filosofía, hablamos de su importancia para desarrollar una actitud crítica, reflexiva, racional, capaz de hacer preguntas, de no dar nada por sentado, de ir al fondo, de desarrollar un conocimiento comprensivo y relacional… Pero si en la práctica esto se convierte en memorizar teorías y repetirlas en tres folios, esto es un engaño en toda regla.
Por una parte, interesarse por los problemas y soluciones de pensadores de hace trescientos, mil o dos mil quinientos años , exige una madurez intelectual y unas inquietudes que en principio nuestros alumnos adolescentes no tienen.
Uno no busca soluciones y se interesa por ellas si previamente no tiene un problema. Si de verdad queremos que desarrollen esas actitudes reflexivas y críticas tenemos que partir de problemas que realmente tengan o que al menos sean cercanos y no les cueste trabajo comprender, después será mucho más fácil ir retrocediendo en la historia para comprender los problemas de otras épocas. Si no tienes un problema, ¿para qué quieres una solución? –De ahí que alguna diferencia de contenido entre las modalidades de bachillerato sería provechosa-.
Por otra, en esta propuesta encuentro dos aspectos positivos aunque uno sea insuficiente.
Me parece muy positivo que se busque la continuidad entre los tres cursos en los que inicialmente se piensa introducir la filosofía, esa continuidad debiera implicar progresión de forma que al llegar a segundo de bachillerato fueran capaces de alcanzar esa madurez necesaria para interesarse por problemas clásicos y básicos del pensamiento.
También me parece positivo que se contemple la filosofía como una materia tan fundamental como matemáticas y lengua, aunque esta importancia –ya sé que ahora es mucho pedir- se retrotaiga  incluso hasta la educación infantil y primaria que es cuando desarrollamos nuestra forma de enfrentarnos con el mundo y cuando sería mucho más fácil que los alumnos asumieran esa actitud critica, racional, lógica… Evidentemente no se trataría como piensan algunos de empezar a hablarles de Platón o de Kant, sino de que a su nivel fueran capaces de observar, plantearse preguntas, responder con argumentos bien construidos a cuestiones cotidianas: ¿por qué es necesario que en clase haya ciertas reglas? ¿las que reglas que tenemos se pueden mejorar? ¿qué ideas tenéis para mejorarlas? ¿quién tiene autoridad para establecerlas?...
Otra cuestión que sufrimos en filosofía pero que también mejoraría el aprendizaje de otras materias, sería facilitar la interrelación de las diversas asignaturas que ahora se imparten como compartimentos estancos y sin relación: historia, literatura, filosofía o ciencia coexisten y se influyen mutuamente en la realidad aunque en los currículos parezcan conocimientos independientes que los alumnos son incapaces de relacionar.
Volvemos, la cuestión es cómo volvemos. Si mejorando nuestra docencia o manteniendo la visión que algunos hermanos mayores darán a los pequeños, ¡filosofía!: “Alien, el regreso”.



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