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viernes, 6 de abril de 2018

Y YO SIN SABERLO

La mejor amiga de mi hija se apuntó este curso a un deporte llamado dodgeball. Desde mi ignorancia deportiva, comenté con el padre de su amiga y me explicó las bondades de este juego, especialmente –según me dijo- la capacidad de reacción, las destrezas motrices, la estrategia, la capacidad de atención y percepción, la visión global y periférica… Tras unas semanas de entrenamiento y un trimestre de cuotas por adelantado tuvimos su primera competición. Antes de decir nada y dudando de mí mismo consulté con “el señor google que todo lo sabe” y no estaba equivocado: estaban jugando al balón prisionero. Y yo, sin saberlo. Como no quiero que a ustedes les pase algo parecido aquí se lo cuento. Tengan en cuenta también que si viendo un programa de televisión el presentador dice que antes de comenzar el show se van a tomar un break para que la staff que está en el backestage haga su trabajo, lo que está diciendo es que antes de comenzar el espectáculo se van a tomar un descanso para que el personal que está en la parte trasera prepare el escenario. Cuando continúe el programa y les comente la responsabilidad de emitir un programa en primetime y el duro casting que los coach han realizado para que uno de lo concursantes consiga un hit como para darnos un flash, les está comentando que es una gran responsabilidad emitir un programa en horario de máxima audiencia y que los preparadores han realizado una dura selección para conseguir un éxito que nos deje deslumbrados. Tomen nota si están buscando trabajo, porque puede que los citen en un business center y prueben su ingenio en un brainstorming. Al salir y en esas entrevistas informales quizá les inviten a un nuevo local muy cool de personas vip en el que un dj ameniza el lugar con música new age y en el que usted que ha ido con traje se siente fuera de lugar porque la mayoría viste de forma casual. O sea, que los citarán en un centro de oficinas para realizar una tormenta de ideas, después irán a un bar acogedor y moderno al que acuden personas importantes en el que un chico pone discos de música suave y usted se sentirá incómodo porque la mayoría viste de forma informal y aparentemente un poco descuidada. Si en ese lugar entabla conversación con algún cliente, le comentará que está en el business center para asistir a un learning que su empresa ha organizado y aunque más tarde podrá almorzar en un catering todavía le quedará tiempo para acudir al gym a sus sesiones con su personal trainer. Traduciendo: la empresa ha organizado unas sesiones de formación o aprendizaje y un servicio de comida a domicilio les servirá la comida aunque más tarde irá al gimnasio para las sesiones con su entrenador personal. Acuérdese también que si llama a su hijo y no puede acudir porque está online comentando los videos de su influencer favorito para conseguir muchos followers que le den un like, es una cuestión muy importante porque además sus amigos están en el ciber y pueden responder a sus post. Por cierto papá: ¡necesito cash! O sea, que su hijo está conectado en internet comentando las ocurrencias de un chico o chica que a nosotros nos parecen tonterías intrascendentes para conseguir que otros chicos le sigan en sus redes y le den al icono de “me gusta”. Es importante porque sus amigos están en un local con internet y pueden responder a los comentarios que él publica. Ah! por cierto, su hijo necesita dinero. Nosotros que ya somos muy antiguos, mandaremos un email o un sms y haremos zapping mientras esperamos que algún amigo responda nuestros wassap. Pero tenemos que mantenernos al día para no parecer vintage y por favor, no me hagan un spoiler de este artículo. Quiero decir, no sea usted antiguo y no destripe mi artículo contándoselo a sus amigos.

PRÓPOSITOS PARA CUMPLIR

Sonadas ya las campanadas se abre el período de otra tradicional tarea para estas fechas: la lista de propósitos para el nuevo año. En realidad suele ser una de las cuestiones más sencillas sobre las que apenas hay que pensar: todos los años nos sirve la misma lista del año pasado. Aunque esta sencillez inicial parece una ventaja, es sólo la muestra de que una vez más sigues sin cumplir tus propósitos, y es el inicio de las también tradicionales escusas y frustraciones por no haberlos conseguido.
Las escusas son una forma de justificación, pero cuando uno se justifica ante sí mismo, las escusas son una forma de autoengaño y uno se autoengaña si se hace el tonto –entonces además de autoengañarse se miente sobre su condición intelectual-, o si es tonto de verdad –me engaño a mi mismo y me lo creo-.
La frustración es el sentimiento de fracaso que aparece cuando no se ha conseguido lo propuesto. Tener una esperanza o proponerse un fin, puede ser el inicio de una frustración.
Por eso este 2018 me voy a esforzar un poco y voy a renovar mis propósitos.
Mi primer objetivo para este año va a ser no tener que hacerme el tonto, ni mucho menos serlo, ser realista y evitar lanzarme yo mismo a la frustración. Por eso voy a eliminar o modificar sustancialmente aquellos propósitos de años anteriores en los que he fracasado reiteradamente durante al menos tres años.
Primero, no me apuntaré al gimnasio. Todo son ventajas. Me voy a ahorrar dos o tres meses de cuotas, no voy a tener que hacerme trampas al solitario estando menos tiempo en cada aparato que el que me marque el monitor, no voy a tener que mentir y mentirme sacando escusas para no ir, no voy a pasar varias semanas con cargo de conciencia porque pago y no voy, y por fin no me voy a sentir decepcionado conmigo mismo cuando allí por marzo llame para no renovar la cuota –sin contar la vergüenza de ir a darme de baja con cara de “mire usted, soy otro de sus socios de esos que comienzan todos los años en Navidad”-.
Segundo, no tendré paciencia con los tóxicos. Se llama ahora “personas tóxicas” –más o menos- a las que de toda vida han sido personas petardas, egocéntricas y pesadas que te amargan la existencia, prefiero llamarlas directamente “tóxicos” porque el resultado es el mismo sea una persona o una sustancia que te produce urticaria.
Ventajas. Eres una persona más sincera e incluso le puedes hacer un favor si tu sinceridad le lleva a reflexionar sobre sí misma. Ganas todo el tiempo que perdías haciéndoles caso y no te carcomes por dentro mientras aguantas sus monólogos. –Si el tóxico soy yo espero que mis amigos hagan el favor de decírmelo-.
Tercero, no dejaré los caprichos si no es una cuestión de supervivencia: alguna caña, el chocolate negro, un queso bien curado en el Roncal... La vida sana y mejor la sanísima está muy bien. Pero cuando año tras año en vez de mejorar tu calidad de vida supone una carga sicológica, sana para tu cuerpo pero nada satisfactoria para tu mente, es cuestión de plantearse si quieres vivir disfrutando de estas satisfacciones o sólo quieres que con sus ausencias la vida se te haga más larga.
No sé si bajar el listón es una forma de conformismo o de asumir la derrota. No sé si es realismo. Ni siquiera sé si el realismo es mejor que el idealismo: ¿es mejor conseguir un objetivo pequeño o fracasar en la consecución de uno grande? No sé si rendirse a los hechos es debilidad o inteligencia. Desconozco si evitar la frustración es una forma de ser más feliz o una manera de no serlo nunca.
Si cumplo mis propósitos para este año, en el 2019 me propondré aclararme sobre estas cuestiones.

ESTRÉS DE FIN DE AÑO

Del “Black Friday” a las rebajas pasando por el puente foral, las compras navideñas, que si me toca la lotería, que lo importante es la salud, la campaña electoral catalana, las elecciones y sus resultados, el partido Madrid – Barça, Nochebuena y Navidad, Nochevieja y Año Nuevo, más compras para Reyes y por fin, la vida normal tras peregrinar buscando el mejor descuento. Este fin de año se nos presenta especialmente denso.
Además este 2017, como dice una de esas frases que circulan por la red, entre la campaña y las elecciones catalanas, el Madrid – Barça del día 23  y la cena con los cuñados, el que no discuta será porque no quiera. Las reuniones familiares van a ser especialmente intensas.
Alguien tuvo la feliz idea de poner las elecciones catalanas en fechas tan señaladas, no se si por las circunstancias políticas o por esperar que el espíritu de la Navidad de serie americana invada la campaña, quizá esperando celebrar los resultados en Nochebuena o que si se declara la independencia resulte un rollo tener que hacer otra comida de celebración entre Nochebuena y Nochevieja.
Mientras tanto, ver los resúmenes televisivos y los programas especiales -especialmente empalagosos- de estos días, escandalizarnos por la escenografía del discurso real de Nochebuena y considerar si sus palabras han sido las adecuadas, elegir en qué cadena vemos las campanadas, debatir sobre si el rey negro tiene que ser negro o pintado, lamentarnos de que los pobres Reyes Magos siguen perdiendo la partida frente a Papá Noel y el Olentzero, ir a patinar dondequiera que esté la pista de patinaje, tal vez hasta ver belenes y si en algún momento nos despistamos preguntarnos dónde quedó la Navidad original, sean tareas ineludibles para estos días.
Cuestión importante es establecer la palabra del año. En 2016 aquí decidimos que fuera “populismo” –antes fueron “refugiado”, “selfi” o “escrache”-, el Diccionario Oxford decidió que fuera “posverdad”. Este 2017 en Estados Unidos ya han decidido que esa palabra sea “cómplice”. En Inglaterra “noticia falsa”. Y en España -aún por decidir- se habla de “despacito”, “millennial” o “resilencia”. Yo creo que debiera ser “Cataluña”, aunque sea una redundancia.
Como estos días todos somos buenos, donaremos alimentos y juguetes, habrá cenas para indigentes y en los informativos, los centros de acogida serán noticia porque los más desfavorecidos  comerán turrón. El resto del año se supone que algo irán comiendo.
Nuestros soldados en misiones de paz se comerán las uvas con un ministro y unos periodistas, y algún aguerrido reportero nos mostrará la Navidad en lugares de guerra. Lugares bombardeados durante todo el año de los que hasta ahora desconocíamos su existencia y que volverán a desaparecer tras las fiestas.
Quizá incluso, entre vino del bueno y el asado, nos lamentemos de los más de 2800 migrantes muertos en el Mediterráneo o de los miles de rescatados que para nosotros son sólo unas mantas naranjas con rostros de africano. Algún desahuciado agradecerá que no lo desahucian hasta que pasen las fiestas y en algún programa de televisión se batirá el record de donaciones.
Volveremos a casa por Navidad y retornaremos con algún kilo de más, unos regalos que no usaremos nunca y ganas de volver a la ensalada. Con muy buena voluntad haremos una inversión a fondo perdido en la matrícula del gimnasio y en la primera mensualidad. Y entre bajar las cajas al contenedor, despejar la casa de juguetes, quitar el belén y el árbol, volveremos por fin a la tranquilidad de la vida habitual. Sólo tendremos que reencontrarnos con nuestro jefe, con los clientes que lo quieren todo para ayer, con llevarlos al cole y a extraescolares, con el atasco mañanero y con la cuesta de enero.  Y en cuatro días, San Fermín.

viernes, 26 de agosto de 2016

TODA LA BELLEZA DEL MUNDO.

"A medida que los años van calando en mi cuerpo y en mi alma (sobre todo en mi alma) me pregunto por qué
a lo largo de mi vida he desperdiciado tantos instantes que prometían, a priori, una inmensa felicidad y belleza.Jaroslav Seifert con el título Toda la belleza del mundo, escribía en 1981 su autobiografía.
Pero la belleza va perdiendo la batalla. Si el arte como dicen distrae, habrá que preguntarse de qué. Será que ocuparnos de la belleza nos distrae de los criterios económicos con que nos medimos tanto en el plano social como en el individual.
Ahora que quizá visitemos algún museo y tenemos más tiempo para pensar en cosas “inútiles”, podemos plantearnos la cuestión del arte y de la belleza.
En la actualidad, el concepto de belleza ha quedado reducido a diseño: hacer que un objeto útil  sea también bello. Pero la belleza como característica del arte está relacionada con el gusto, no con las características del objeto, sino con el efecto que la contemplación produce en nosotros y que no se alcanza con otras experiencias.
Bellos son aquellos objetos que nos producen un placer estético: una satisfacción diferente a lo meramente sensual, que nos fascina con sus formas, que nos produce un placer, gozo y sosiego que nos atrae. En la experiencia artística el ser humano se encuentra con la belleza. En esa experiencia afloran la sensibilidad, las emociones: “Había cosas que me gustaban, que me emocionaban, que despertaban mi curiosidad y mi interés y otras, sin embargo, no lo hacían.” Diego Rasskin.
La belleza nos absorbe, nos separa del mundo, capta nuestra atención y nos introduce en el sonido de la música, en las palabras del poema, en la escena de la pintura, en el devenir de la película... Quedamos absortos y abstraídos al margen del tiempo y de los sucesos que nos rodean.
Disfrutar de la belleza no es una situación de pasividad, esa belleza que nos secuestranos convierte en recreadores de la obra.
El autor a través de su técnica convierte una experiencia en un objeto bello e “inútil”: la obra de arte. No es una experiencia que se le aparezca como una gran revelación diferente a las vivencias del resto de los humanos, pero si es un detonante que estimula su creatividad, detonante que será el comienzo del proceso creativo.
Su fin será la creación de un objeto bello en el que el autor quiere trasmitir sus vivencias. Expresarlas, pero no a través de una descripción objetiva dirigida exclusivamente al intelecto, sino a través de un lenguaje subjetivo, inventado, único, que muestra en muchos casos lo que no puede mostrarse en un discurso puramente racional.
Contemplar esa obra, no significa conocer el motivo que dio lugar a su creación. Contemplarla, es ser captado por ella, hacerla nuestra, recrearla. Activar nuestras propias vivencias y emociones, darle un nuevo significado.
Cuando contemplamos la obra de arte no vemos la alegría, el miedo, la desesperación que llevó al artista a la elaboración de ese objeto bello. Cuando la contemplamos, vemos nuestras propias alegrías, nuestros propios miedos o nuestra propia desesperación. Evocamos nuestra vida, no la del autor.
Ocuparnos de la belleza significa profundizar en nosotros mismos, volvernos a lo más íntimo, disfrutad y también sufrir con las emociones que surgen a propósito de lo bello, desconectar de la prisa y dejarnos fluir, por ejemplo, entre las notas de una sinfonía de Mozart o de un tema de Luis Eduardo Aute.
Hasta el comienzo del siglo XX belleza y arte parecían una unidad indisoluble, pero Marcel Duchamp expone en 1917 un urinario. Este urinario es el símbolo que abre la puerta al arte como alejado de la belleza y a la pregunta todavía sin respuesta: ¿qué es arte?. Algunos artistas comienzan a entenderlo como provocación, como búsqueda del rechazo y a considerar que cualquier objeto expuesto en un museo se convierte en arte. Pero ese, es otro debate.

sábado, 4 de junio de 2016

Apuntes: madurez, autocrítica, manipulación.

La verdad es que no sé si es cuestión de madurez, de honestidad, de seguridad o de miedo; pero muchas personas e instituciones confunden crítica con persecución, creen que cualquier cuestionamiento es fobia o intolerancia.
Las personas o grupos que no son críticos consigo mismos suelen estar equivocados porque se instalaron en su momento en verdades "inmutables" que son incapaces de modificar. Pero la realidad cambia, la observación de hechos se perfecciona, surgen nuevos problemas que piden nuevas soluciones. Surgen planteamientos que cuestionan sus principios, principios que no son incuestionables.
Los medios de comunicación que ocultan estos nuevos problemas, su incapacidad para darles respuesta, que consagran la crítica como persecución, que piden actitud crítica "contra" los demás pero que son incapaces de aceptarla en su filas, manipulan la opinión de su público ocultando esta nueva realidad que les cuestiona.

miércoles, 21 de octubre de 2015

ALZHEIMER, IN MEMÓRIAM.

Todos tenemos nuestros despistes, decíamos. Yo a veces también llego a la puerta de la cocina y me vuelvo sin saber qué iba a coger.
Pero poco a poco fue ya frecuente que nunca supieras donde estaban las llaves, que titubearas al querer decir el nombre de los vecinos o que tu humor fuera y viniera. Nos preocupamos de verdad cuando no supiste llegar al taller al que toda la vida habías llevado el coche.
Estabas empezando. Nunca conseguiste aclararte con el mando de la tele nueva y dejaste de salir los domingos al vermú con los amigos, preguntabas cien veces  qué día tenías que ir al médico y hasta la boda de tu sobrina la cambiabas de fecha y hasta de mes.
Te costó una enfermedad y muchos enfados que no te dejáramos coger las herramientas. Ibas de aquí para allá en el taller a tu ritmo, un nuevo ritmo muy diferente a ese otro ágil y dinámico que tantas veces me habías dicho que yo no tenía.
Quizá aquí comenzó lo peor. Primero te enfadabas con nosotros porque “te cambiábamos las cosas de sitio” o porque “no te contábamos nada”. Luego, te fuiste dando cuenta que eras tú.
Te diste cuenta que te costaba entender lo que siempre habías entendido y que te costaba hacer lo que siempre habías hecho. Que había espacios de tiempo de los que no recordabas nada y que a los nombres de siempre no les ponías cara. Bastante más tiempo te costó aceptarlo.
Estuviste a días y a ratos deprimido, enfadado, nervioso, aislado. Te arrancabas de repente y te ponías con esmero hasta que parabas, en blanco, sin saber como seguir. Nos decías que no entendías, y nos lo volvías a repetir.
Todavía entonces querías ver los partidos de Osasuna y levantarte a ver los encierros aunque te desconcertaba ver en el mismo encierro que los toros pasaran varias veces por telefónica.
Fue otro mundo. Contabas tus andanzas de pequeño como si hubieran sido ayer y preguntabas si tu padre había vuelto del campo. Cada mañana, al despertar en la habitación en la que llevabas durmiendo más de cincuenta años, querías volver a tu casa porque te estarían esperando. Tu hija a ratos, era tu madre. Tu mujer, una señora que te obligaba a dar un paseo y a tomar las pastillas. Tus pasos, un deambular sin sentido por el pasillo.
Nos explicabas una y otra vez quién eras, de qué casa, que tu padre estuvo en América y que hiciste la mili en Sabadell. Nos preguntabas quienes éramos o nos confundías con algún peón que vino a segar de no sé donde el año que se caso tu hermano.
A pesar de todo, también sonreíamos contigo cuando cantábamos las canciones de tu juventud o te preguntábamos por tus novias. También el día que pasó a verte la vecina y le contaste “en secreto” que la mujer que vivía en la casa de al lado se ponía debajo de la parra a escuchar las conversaciones.
Ya no conocías a tus amigos, los recibías sonriente pero cuando pensabas que no te oían preguntabas: : ¿y este quién es?. Hubo que tapar los espejos porque decías que en tu habitación había un hombre.
Decían los médicos que los ejercicios de memoria retrasarían el proceso. Jugabas con tus nietos a recordar debajo de qué tarjeta estaba el gato, el color rojo o la letra de tu nombre.
Te fuiste apagando. La mirada se quedó en el infinito, apenas hablabas. Poco quedaba del marido, del padre, del abuelo. En otro mundo o ya sin mundo te dejabas llevar de aquí para allá mientras físicamente aún podías hacerlo. Salías a pasear como si nadie te acompañara, comías por comer, mirabas sin ver, callabas porque ya no quedaba en tu mente nada que decir.
Vimos consumir tu cuerpo después de que tú ya te habías ido.
Y así, poco a poco, fuiste desapareciendo. 

lunes, 12 de octubre de 2015

INTELIGENCIA E INGENIO: EL SENTIDO DEL HUMOR.

Tradicionalmente, cuando hablamos de inteligencia nos referimos a la capacidad de algunas personas para superar sus estudios con un buen expediente o para realizar importantes investigaciones y descubrimientos.
En los últimos años –ya décadas- y como consecuencia del desarrollo de la “inteligencia artificial”, se han ido concretando diversos usos o tipos de inteligencia: unos similares a los que desarrollan los ordenadores, otros específicos del ser humano y todos ellos relacionados entre sí.
Pero entre esos usos, pocas veces encontramos la inteligencia como una capacidad relacionada con lo lúdico. Sin embargo la ironía, el humor, la picardía, la comicidad, la astucia, la parodia, el chiste o el juego no son sino muestras de inteligencia e ingenio.
Habitualmente hablamos de: inteligencia computacional, inteligencia como capacidad de abstracción, inteligencia como modo de autodeterminación o de inteligencia emocional.
Pero la inteligencia como ingenio, como risa, también tiene su espacio.
Un chiste es una historia cuyo final sorprende agradablemente, es inesperado, novedoso, breve. Es consecuencia del ingenio necesario para crear un final diferente, más allá de la lógica, de lo esperado, de la verdad o falsedad, del sentido: un juego de palabras no dice nada pero puede ser gracioso sobre todo si se hace rápidamente, sobre la marcha, es original y por tanto sorprende.
Fue famoso por su ingenio el diccionario de José Luis Coll -llavero: Instrumento que permite perder varias llaves al mismo tiempo-. Y son muestras de ingenio las viñetas que al mismo tiempo que consiguen una sonrisa son capaces de trasmitir en dos frases ideas que a otros cuesta un artículo. El Roto, a propósito de la situación en Grecia, dibuja dos señores en tonos oscuros que dicen: “- ¿Y no se os ha ocurrido pensar en los dientes de oro de los griegos?, a lo que el otro responde -¡Anda, es verdad!”.
El ingenio burla la realidad y la norma. El bufón entre chistes y parodias, decía al rey lo que sus consejeros no se atrevían. Forges, después de que Franco se recuperara de un grave problema de salud publicó una viñeta en la que aparecía un señor con una botella de champán sin abrir y entre telarañas. Cuando los censores le preguntaron que esperaba celebrar, Forges respondió que una victoria del Atletico de Madrid.
El humor es una forma de superar la realidad. Nos reímos de la muerte: “ha estirado la pata”, “se ha quedado tieso” e incluso algunos son capaces de reírse de si mismos. Una persona bajita comenta: “cuando era pequeño me gustaba pasear en bicicleta, ayer mismo me di un paseo”.
La risa y la sátira son transgresoras. Pero ¿tiene límites la transgresión?
Los límites varían. Quizá ahora Góngora hubiera denunciado a Quevedo por reírse de él: “Érase un hombre a una nariz pegado…”. Al menos se consideraría políticamente incorrecta la greguería de Ramón Gómez de la Serna: “El manco de los dos brazos se quedó en chaleco para toda la vida”. Arévalo no se ganaría la vida contando chistes de gangosos, tartamudos y “mariquitas”. Y Martes y 13 ni siquiera hubiera hecho la parodia de la mujer maltratada “mi marido me pega”.
El señor atado a la realidad, el que no es capaz de encontrar la segunda intención, el que no entiende de ironías es soso y aburrido. El humor y el ingenio nos ofrecen otra visión, otra perspectiva, otra forma de ver la realidad, otra inteligencia.

martes, 14 de julio de 2015

DECÁLOGO DE MADUREZ.

Dicen que la experiencia es un grado, pero no es cuestión ni de exagerar ni de menospreciarla.
Exageramos si pensamos que en nuestra experiencia podemos encontrar respuestas a todas las preguntas y solución a todos los problemas que nos surjan. En esta línea, la experiencia no será una ayuda sino un lastre: seremos incapaces de resolver cuestiones nuevas que vayan apareciendo.
Pero tampoco hay que menospreciarla. Gracias a nuestros aciertos y errores hemos ido acumulando mecanismos, estrategias, escarmientos y satisfacciones que pueden servirnos para encarar el futuro.
Cada uno llevamos detrás nuestra vida, nuestras situaciones, nuestros éxitos y fracasos. A partir de esa posición tenemos que afrontar el futuro.
Creo que con este bagaje, a medio camino entre la experiencia y el futuro, es buen momento  para establecer unos principios que elaborados con lo que hasta ahora hemos vivido, nos sirvan para mejorar y no perder el tiempo.
A continuación detallo algunos que ni siguen un orden establecido ni pretendo que sean universales pero que quizá puedan darles algunas pistas.
Primero: no rechazaré ninguna idea por el hecho de que sea nueva, no dejaré que la experiencia que me han dado los años me convierta en intolerante. No rechazaré algo porque no encaje en mis esquemas, por miedo a lo nuevo o por incapacidad para asumirlo. No juzgaré con prejuicios sino escuchando lo que dicen y viendo lo que hacen, porque la experiencia o la información que recibimos nos “impone” unas valoraciones que no se corresponden necesariamente con la realidad.
Segundo: huiré de la monotonía, me plantearé nuevos retos. Dicen en economía que la empresa que no crece desaparece. La persona que se automatiza en su trabajo, en su relación de pareja o en su planteamiento vital “muere”.
Tercero: disfrutaré de mis hijos antes de que crezcan y se independicen. Todo pasa cada vez más rápido y dura menos tiempo. Para cuando te das cuenta son adolescentes, y como es lógico y normal poco a poco se van organizando la vida al margen de la de sus padres.
Cuarto: manifestaré mis ideas con respeto a todos pero independientemente de que les parezcan bien o mal. Ser como todos para ser aceptado por el grupo es cosa de adolescentes.
Quinto: pasaré más tiempo con las personas y menos en internet. No puedo ignorar a mi compañero de mesa porque estoy mirando el móvil.
Sexto: no desperdiciaré ninguna ocasión para pasar un buen rato. El tiempo no pasa en balde y ya vamos viendo a coetáneos nuestros víctimas del infarto, el ictus o el accidente. Ya no podemos permitirnos el lujo de dejarlo para mañana.
Séptimo: aceptaré mis carencias y debilidades en función de que dependan de mi, de su importancia y de las veces que ya he intentado superarlas sin éxito. Dicen que las debilidades hay que vencerlas o  aceptarlas.
Octavo: me arriesgaré a ir más allá de las situaciones en las que me siento cómodo. Estamos bien en el mundo que controlamos y con la edad, cada vez nos cuesta más salir de él para aprender, si nos quedamos aquí estaremos cómodos pero ajenos a todo lo nuevo y diferente.
Noveno: no dejaré que salvadores, aspirantes a gurús o auto proclamados dueños de la verdad secuestren mi identidad. Grupos sectarios, políticos mesiánicos, oráculos del bien y la verdad buscan anular personalidades para absorberlas y disolver su individualidad.
Y por último: me implicaré activamente en las cuestiones que creo tienen que cambiar. No esperaré que la realidad sea como yo pienso que tiene que ser mientras pasivamente miro desde la barrera.
“Si en la madurez conservas intacta la inocencia, la ilusión, la alegría y la tolerancia, es porque la pureza de tu conciencia logró imponerse a la degradación y mezquindad de este perverso y feo mundo.” José Luis Rodríguez Jiménez.

miércoles, 15 de abril de 2015

TIEMPO DE ARTE Y FILOSOFÍA.

Quizá sea que nos hemos acostumbrado a ver la vida con banda sonora, como en las películas, por lo que ahora la realidad tal cual nos resulta sosa. Quizá sea también que el ritmo nos lo pongan desde fuera, y nosotros sólo nos adaptemos a la música que va sonando.
Quizá sea que ya soy de otro siglo, que nací tarde o que de vez en cuando padezco algún ataque de melancolía. Pero a veces este ritmo me desborda, freno mientras veo como los sucesos me adelantan y tengo morriña de un pasar más pausado, de volverme a sentar para escuchar música en lugar de moverme a la marcha que va sonando.
Quizá sea verdad que la economía marca el ritmo. Los productos se “reproducen” más rápido, se desfasan antes y cada vez transcurre menos tiempo para que sean viejos. Cada vez la satisfacción dura menos y la insatisfacción es más fuerte y profunda, la información –o mejor los datos- se multiplican exponencialmente y la total dedicación de mis capacidades no son suficientes para procesarlos.
Es tiempo de más en menos, de grandes desmanes concentrados en momentos. De “ya”, de “hoy”, de “todo”. Si me lo prometes para la semana que viene no lo quiero.
Quizá sea por eso que ya es preocupante el número de jóvenes que recurre a la prostitución porque ya no compensa el tiempo invertido en conocernos. La comida rápida, los viajes relámpago, todo en uno, sólo los titulares…
La comunicación hay que limitarla a ciento cuarenta caracteres, las páginas web no deben ocupar más de pantalla y media, y prácticamente nadie pasa de la segunda página que ofrece el buscador. Los mensajes, la política, la publicidad, las relaciones humanas hay que condensarlas en un lema, una frase, un logo, un emoticón…
En este contexto nunca hay tiempo. Lanzados en caída libre a la máxima velocidad posible para conseguirlo todo. Siempre deseando mas que disfrutando y siempre contando lo que no tenemos.
Aquí el arte distrae, la filosofía molesta. Esto no sirve, por tanto al estado no le interesa.
La ingeniería aniquila a la poesía, la matemática aplicada suprime la comprensión del mundo, el ritmo de la robótica calla la música, el ordenador pretende sustituir a la creatividad.
Exactitud, precisión y rigor pretenden encerrar la indefinición, las vaguedades y las perspectivas consustanciales a estar vivo.
Somos algo más que peso, altura, latitud y longitud. Más que poder adquisitivo, franja de edad y esperanza de vida. Podrán decirnos con datos estrictamente rigurosos y técnicamente precisos en dónde estoy, mis hábitos de consumo o mi porcentaje de grasa corporal; pero esa información no me acercará un ápice a algo que dé sentido a mi vida o a ese tipo de comprensión del mundo que yo necesito.
Pretenden marcarme el ritmo, etiquetarme, convertirme en uno más uniformado con el resto. Pero tengo derechos. Derecho a ser diferente, a definirme, a elegir. Derecho a cambiar de opinión, a equivocarme, a que no me guste. A estar triste o a “hacer una locura” para sentirme bien. Tengo derecho a inventar y a pensar. A divertirme de otra manera y a ser “políticamente incorrecto”. Tengo derecho a que me de igual no estar en el porcentaje adecuado e incluso derecho a ser considerado raro.
Quizá sea porque el arte expresa, porque ve el mundo desde otra perspectiva. Quizá sea que el pensamiento, la actitud crítica o la observación atenta, acaban poniendo sobre la mesa nuestro perfil malo, el que no queremos ver, el que queremos ocultar. Quizá sea que sirven para tanto, que a los que sólo ven encima de sus narices les parezca que no sirven para nada.
Quizá sea por eso que no es tiempo, ni de arte ni de filosofía.

jueves, 22 de mayo de 2014

TRAIDOR

Te traicioné.
Hace meses abandoné tus cuatro paredes acogedoras en los tiempos difíciles y salté al mundo cargado de una vida que hacía mucho tiempo había dejado de vivir. Como los vecinos que se cambian de casa prometí volver de vez en cuando, yo mismo hacía planes: tal día, a tal hora. Bien sabes que nunca lo hice.
Alguna vez vi tus llamadas perdidas y solo crucé un par de frases en respuestas rápidas: si, quedamos, seguro, claro.
Me traicioné.
Ser egoísta en el duelo es hasta compresible, uno pierde el norte. Bueno, el norte y el resto de los puntos cardinales. Pierde el espacio y el tiempo, el sentido de lo necesario y de lo inútil, de lo importante y de lo accesorio. Se convierte en el centro de un agujero negro que se absorbe a sí mismo y a todo lo que le rodea. 
Pero egoísta también en la vida, olvidando a quien tuvo la vitalidad casi infinita para no ser absorbido mientras agarrándote con  fuerza te gritaba ¡aguanta!. Eso no se puede perdonar.
Sin embargo, aquí estás.
Esperando como siempre que me acerque para seguir conversando sobe esto y aquello como si el tiempo no hubiera pasado, como si fuera ayer cuando salí por esa puerta vestido de domingo con mis zapatos relucientes y dispuestos a comerme el mundo.
Me conoces, sabes que soy el mismo egoísta de siempre. Puedo engañar al resto pero tú, con sólo mirarme, ves que mis zapatos están salpicados de barro, que pongo cara de "pasaba por aquí" pero que aunque avergonzado de mí mismo, busco esas cuatro paredes protectoras que otros brujos de conjuros milagrosos no han sido capaces de construir.