La mejor amiga de mi hija se apuntó este curso a un deporte llamado dodgeball. Desde mi ignorancia deportiva, comenté con el padre de su amiga y me explicó las bondades de este juego, especialmente –según me dijo- la capacidad de reacción, las destrezas motrices, la estrategia, la capacidad de atención y percepción, la visión global y periférica…
Tras unas semanas de entrenamiento y un trimestre de cuotas por adelantado tuvimos su primera competición. Antes de decir nada y dudando de mí mismo consulté con “el señor google que todo lo sabe” y no estaba equivocado: estaban jugando al balón prisionero. Y yo, sin saberlo.
Como no quiero que a ustedes les pase algo parecido aquí se lo cuento.
Tengan en cuenta también que si viendo un programa de televisión el presentador dice que antes de comenzar el show se van a tomar un break para que la staff que está en el backestage haga su trabajo, lo que está diciendo es que antes de comenzar el espectáculo se van a tomar un descanso para que el personal que está en la parte trasera prepare el escenario.
Cuando continúe el programa y les comente la responsabilidad de emitir un programa en primetime y el duro casting que los coach han realizado para que uno de lo concursantes consiga un hit como para darnos un flash, les está comentando que es una gran responsabilidad emitir un programa en horario de máxima audiencia y que los preparadores han realizado una dura selección para conseguir un éxito que nos deje deslumbrados.
Tomen nota si están buscando trabajo, porque puede que los citen en un business center y prueben su ingenio en un brainstorming. Al salir y en esas entrevistas informales quizá les inviten a un nuevo local muy cool de personas vip en el que un dj ameniza el lugar con música new age y en el que usted que ha ido con traje se siente fuera de lugar porque la mayoría viste de forma casual.
O sea, que los citarán en un centro de oficinas para realizar una tormenta de ideas, después irán a un bar acogedor y moderno al que acuden personas importantes en el que un chico pone discos de música suave y usted se sentirá incómodo porque la mayoría viste de forma informal y aparentemente un poco descuidada.
Si en ese lugar entabla conversación con algún cliente, le comentará que está en el business center para asistir a un learning que su empresa ha organizado y aunque más tarde podrá almorzar en un catering todavía le quedará tiempo para acudir al gym a sus sesiones con su personal trainer. Traduciendo: la empresa ha organizado unas sesiones de formación o aprendizaje y un servicio de comida a domicilio les servirá la comida aunque más tarde irá al gimnasio para las sesiones con su entrenador personal.
Acuérdese también que si llama a su hijo y no puede acudir porque está online comentando los videos de su influencer favorito para conseguir muchos followers que le den un like, es una cuestión muy importante porque además sus amigos están en el ciber y pueden responder a sus post. Por cierto papá: ¡necesito cash!
O sea, que su hijo está conectado en internet comentando las ocurrencias de un chico o chica que a nosotros nos parecen tonterías intrascendentes para conseguir que otros chicos le sigan en sus redes y le den al icono de “me gusta”. Es importante porque sus amigos están en un local con internet y pueden responder a los comentarios que él publica. Ah! por cierto, su hijo necesita dinero.
Nosotros que ya somos muy antiguos, mandaremos un email o un sms y haremos zapping mientras esperamos que algún amigo responda nuestros wassap.
Pero tenemos que mantenernos al día para no parecer vintage y por favor, no me hagan un spoiler de este artículo. Quiero decir, no sea usted antiguo y no destripe mi artículo contándoselo a sus amigos.
viernes, 6 de abril de 2018
TE RECUERDO AMAIA
Vayan por delante mi enhorabuena y mis aplausos para Amaia por sus
canciones.
He escuchado sus temas, sus entrevistas y sus directos infinidad
de veces. Es lo que tiene tener una adolescente en casa-: yo creo que mi
televisión se sintoniza automáticamente en el canal en el que ella está y pocas
veces me han puesto tan nervioso en una línea de salida como para coger esas
entradas que si se hubieran agotado sin conseguirlas, hubiera tenido que pedir
asilo político.
Mi casa es como la de los demás y ese es el impacto que Amaia –y
también sus compañeros- han causado en jóvenes y en muchos que ya no lo somos
tanto.
No quisiera ser aguafiestas. Bueno, un poco sí.
Un poco sí, porque si ya veo el subidón que supone a mis alumnos
sacar la selectividad y entrar en los estudios que les gusta, no alcanzo a
comprender el impacto que para una chica más o menos de su edad tiene que
suponer pasar del anonimato de Mendillorri,
del instituto, del conservatorio, a ser -de la noche a la mañana- no
sólo ganadora de un concurso de televisión, sino a convertirse en portada de
revistas, a acumular miles de seguidores, a estrella de programas de radio y
televisión, a giras internacionales y lo más importante: a “tirar el cohete” en
febrero, mientras miles de personas corean su nombre.
No quiero trasmitir pesimismo, sólo prudencia que mantenga sus
pies en el suelo.
Empezar desde lo mas alto no es fácil. No sólo por esa subida a
velocidad de fórmula uno. Sino porque desde allí arriba cualquier pequeño
descenso puede parecer un fracaso, mantenerse siempre en la cumbre es prácticamente
imposible y entre lo más probable está descender. Desde la cima del Everest
cualquier otra cima parece pequeña y cualquier descenso puede convertirse en
frustración.
Por si esto fuera poco, las cadenas de televisión, los medios en
general y el público somos muy volubles, nos vendemos al mejor postor. Y seguro
que alguien habrá que haga todo lo posible por llevarla a otros terrenos que no
sean ni el de la canción ni el de su forma de ser.
Espero que sepa librarse de los políticos, especialistas en
arrimarse al árbol con la sombra que mejor cobija y a abandonarlo cuando ya no
les es útil. De los que con motivo o sin
él le busquen novios o novias. Y que tenga en cuenta que si alguna vez sale en
un programa del corazón hablando de su vida privada, en Pamplona habrá un
suicidio colectivo.
No sé si al salir de la academia la productora de OT se dedica
sólo a los conciertos, pero no estaría de más que una vez acabado el concurso
siguiera aconsejando a sus alumnos para que el éxito no los absorba y
desaparezcan en el intento.
Amaia ha tenido la suerte de triunfar –entiéndase por suerte ese
pequeño factor que ha llegado tras los estudios, el tiempo, la dedicación, la
educación que ha recibido… -, pero con esa suerte ha llegado también la
responsabilidad de ser una chica que con sus compañeros de academia ha dado una
imagen de la juventud que siempre olvidamos porque sólo nos fijamos en lo malo.
Ha llegado la responsabilidad de ser modelo para muchos que seguirán no sólo
sus canciones, también su forma de ser y de comportarse.
Dejo aquí de usurpar el papel de padre.
Con su interpretación de la canción de Víctor Jara “Te recuerdo
Amanda”, Amaia tuvo el detalle de volvernos a los más maduritos a la juventud. Queremos
escucharla y disfrutarla durante muchos años, queremos tararear sin darnos
cuenta sus temas y que no se pierda por el camino para que nunca tengamos que
entonar una versión titulada “Te recuerdo Amaia”.
NUNCA NADIE HABLARÁ DE ELLOS.
Mihai, Oana, Sorín, Cosmina, Ionela y Costel son este año alumnos de bachillerato. Dos han cometido el delito de dormirse en los laureles en la primera evaluación, el resto ha sacado buenas notas. En general destacan de la media por su capacidad de trabajo, por no conformarse con calificaciones bajas y por saber aprovechar el tiempo. Por lo que sé de algunos de sus padres uno trabaja de mecánico, una madre en una empresa de montaje y otra como empleada del hogar.
No hace mucho vino a verme Mihaela, este curso pasado acabó filosofía y está preparando el master de educación. Sus padres trabajan todas las horas del mundo en hostelería para que ella y su hermana puedan pagar el piso e ir a la universidad.
Alexandra fue compañera, profesora de inglés. Habla cuatro idiomas, exigente, no lleva con paciencia que suspendan por vagos.
Por amigos y compañeros tengo noticias de varias empleadas de hogar que nunca se han llevado ni una cucharilla, de albañiles muy profesionales que no trapichean ni son unos chapuzas, de chicas que además de estudiar trabajan porque tienen problemas económicos en casa…
Pero nunca nadie hablará de ellos.
Los medios de comunicación nunca los hará visibles y al mismo tiempo, las noticias negativas sobre algunos de sus compatriotas les colgará el sambenito -al menos- de la sospecha.
Buscada o no, una de las capacidades de los medios de comunicación es hacer que un colectivo pase de la invisibilidad a la visibilidad. Salir en la tele o convertirse en viral a través de las redes sociales es pasar de la imperceptibilidad a la existencia -aunque sólo sean los famosos quince minutos de fama de Andy Warhol-.
Pero las buenas noticias no atraen al público. Hace ya bastantes años hubo en televisión española un programa que se titulaba “Buenas noticias”, no era entonces momento de guerra por las audiencias, pero aun así el programa tuvo un recorrido muy corto.
La información que recibimos es fundamentalmente una información de sucesos –malos-, sucesos que nos dan una visión negativa que no es un reflejo real de la realidad.
A la vista de las noticias que recibimos el mundo es un caos de asesinatos, guerras y desastres naturales, sucesos reales pero que sólo son una pequeña parte de todos los acontecimientos mundiales –muchos de ellos buenos- que permanecen invisibles.
Por eso, pasar de la invisibilidad a la visibilidad no suele ser positivo.
Es positivo que una foto dé visibilidad a un grupo que padece la violencia sea de género, explotación sexual, niños en condiciones laborales esclavistas o refugiados muertos a las puertas de Europa. Pero es negativo que sólo se hagan visibles las acciones negativas de un colectivo que pasa así a estar presente, pero forzando una generalización que perjudica por ejemplo a sus compatriotas.
Los medios de comunicación siguen en nuestro país informándonos de los delitos que cometen los extranjeros, siguen con la costumbre de poner nacionalidad al delincuente siempre que no sea español.
Antes fueron gitanos o marroquíes. En los últimos años ha pasado a formar parte del imaginario colectivo la idea de rumano como sinónimo de delincuente y todo el mundo sabe que si quiere dar una paliza a alguien tiene que buscar a un par de rumanos, que los robos en los polígonos industriales los realizan ellos y que muchas empleadas domésticas rumanas roban en los pisos en los que trabajan.
Por eso, por una vez, hablo de los que nunca se habla. De los que probablemente nunca hablará nadie y que para más inri sufrirán que los vean con reservas, si no ya como delincuentes.
PRÓPOSITOS PARA CUMPLIR
Sonadas
ya las campanadas se abre el período de otra tradicional tarea para estas
fechas: la lista de propósitos para el nuevo año. En realidad suele ser una de
las cuestiones más sencillas sobre las que apenas hay que pensar: todos los
años nos sirve la misma lista del año pasado. Aunque esta sencillez inicial
parece una ventaja, es sólo la muestra de que una vez más sigues sin cumplir tus
propósitos, y es el inicio de las también tradicionales escusas y frustraciones
por no haberlos conseguido.
Las
escusas son una forma de justificación, pero cuando uno se justifica ante sí
mismo, las escusas son una forma de autoengaño y uno se autoengaña si se hace
el tonto –entonces además de autoengañarse se miente sobre su condición intelectual-,
o si es tonto de verdad –me engaño a mi mismo y me lo creo-.
La
frustración es el sentimiento de fracaso que aparece cuando no se ha conseguido
lo propuesto. Tener una esperanza o proponerse un fin, puede ser el inicio de
una frustración.
Por
eso este 2018 me voy a esforzar un poco y voy a renovar mis propósitos.
Mi
primer objetivo para este año va a ser no tener que hacerme el tonto, ni mucho
menos serlo, ser realista y evitar lanzarme yo mismo a la frustración. Por eso
voy a eliminar o modificar sustancialmente aquellos propósitos de años
anteriores en los que he fracasado reiteradamente durante al menos tres años.
Primero,
no me apuntaré al gimnasio. Todo son ventajas. Me voy a ahorrar dos o tres
meses de cuotas, no voy a tener que hacerme trampas al solitario estando menos
tiempo en cada aparato que el que me marque el monitor, no voy a tener que
mentir y mentirme sacando escusas para no ir, no voy a pasar varias semanas con
cargo de conciencia porque pago y no voy, y por fin no me voy a sentir decepcionado
conmigo mismo cuando allí por marzo llame para no renovar la cuota –sin contar
la vergüenza de ir a darme de baja con cara de “mire usted, soy otro de sus
socios de esos que comienzan todos los años en Navidad”-.
Segundo,
no tendré paciencia con los tóxicos. Se llama ahora “personas tóxicas” –más o
menos- a las que de toda vida han sido personas petardas, egocéntricas y
pesadas que te amargan la existencia, prefiero llamarlas directamente “tóxicos”
porque el resultado es el mismo sea una persona o una sustancia que te produce
urticaria.
Ventajas.
Eres una persona más sincera e incluso le puedes hacer un favor si tu
sinceridad le lleva a reflexionar sobre sí misma. Ganas todo el tiempo que
perdías haciéndoles caso y no te carcomes por dentro mientras aguantas sus
monólogos. –Si el tóxico soy yo espero que mis amigos hagan el favor de
decírmelo-.
Tercero,
no dejaré los caprichos si no es una cuestión de supervivencia: alguna caña, el
chocolate negro, un queso bien curado en el Roncal... La vida sana y mejor la
sanísima está muy bien. Pero cuando año tras año en vez de mejorar tu calidad
de vida supone una carga sicológica, sana para tu cuerpo pero nada
satisfactoria para tu mente, es cuestión de plantearse si quieres vivir
disfrutando de estas satisfacciones o sólo quieres que con sus ausencias la
vida se te haga más larga.
No
sé si bajar el listón es una forma de conformismo o de asumir la derrota. No sé
si es realismo. Ni siquiera sé si el realismo es mejor que el idealismo: ¿es
mejor conseguir un objetivo pequeño o fracasar en la consecución de uno grande?
No sé si rendirse a los hechos es debilidad o inteligencia. Desconozco si evitar
la frustración es una forma de ser más feliz o una manera de no serlo nunca.
Si
cumplo mis propósitos para este año, en el 2019 me propondré aclararme sobre
estas cuestiones.
SOLIDARIDAD ESTRUCTURAL.
En situaciones especialmente catastróficas surge en algunos ciudadanos un sentimiento de empatía, de unión por los que de alguna forma se han visto afectados por esa catástrofe.
Estábamos acostumbrados a que esos desastres tuvieran lugar en países lejanos: terremotos, tsunamis o hambrunas. Sin embargo, la crisis económica nos ha traído las desgracias a la puerta de nuestra casa y aunque a veces no las hayamos querido ver –vivimos en el mismo territorio pero en mundos paralelos- el paro o los trabajos mínimamente pagados han traído consigo una enorme tasa de familias que no pueden cubrir sus necesidades básicas, un aumento de la pobreza infantil y energética, y por diferentes motivos, una mayor marginación: dos millones y medio de niños son pobres, se han realizado más de 600.000 desalojos hipotecarios, el impago en facturas de gas o electricidad se ha disparado y ha aumentado la xenofobia.
Aquellas huchas del domund para países tercermundistas conviven ahora con bancos de alimentos para nuestros vecinos, con recogida de material escolar para compañeros de la misma clase y con donaciones para medicamentos de niños y jubilados.
Es verdad que somos un país solidario y que cada campaña bate el record de la anterior, pero la solidaridad como un acto voluntario ante un hecho puntual no es suficiente. La solidaridad tiene que estar presente en la estructura de la sociedad: en sus leyes, en el reparto de la riqueza de forma proporcional y justa.
Poder comprar el material escolar, comer carne un día a la semana, tener una vivienda o poder pagar la electricidad no puede depender ni de las donaciones, ni de que haya personas dispuestas a dedicar su tiempo a ONGs.
La buena voluntad, la solidaridad como hábito individual es una virtud ética. Pero la virtud ética tiene que convertirse en norma jurídica para que esa solidaridad individual sea solidaridad estructural consolidada y garantizada por los poderes públicos. No sólo tenemos que ir poniendo parches a cada situación concreta sino que tenemos que analizar cuáles son las causas de esa situación y realizar los cambios necesarios para que en lugar de crear estos hechos, la estructura social los evite.
En este momento crecemos por encima de la media europea, pero ese crecimiento de la riqueza no se refleja en los sueldos sino que aumenta la diferencia entre los que más tienen y los que menos. En los años más duros de depresión las grandes fortunas han aumentado en España un 50%, el país –con diferencia- que más han aumentado en relación a la media europea, al mismo tiempo que comenzada la recuperación es uno de los países que menos han aumentado los salarios y más ha incrementado la precariedad. Ha habido una importante crisis económica, pero también ha habido una profunda crisis en el sistema de redistribución de la riqueza, en la justicia social.
Y una de las cuestiones más graves: no sólo es pobre el que no tiene trabajo, sino que personas que trabajan sus ocho horas siguen siendo pobres porque los sueldos y sus condiciones de trabajo no son suficientes.
Hablar de redistribución de la renta se relaciona inmediatamente con subida de impuestos, cosa que provoca un rechazo casi inmediato. Pero la redistribución de la renta ni es sólo una cuestión de voluntad individual ni es necesariamente una cuestión de impuestos gestionados por el estado. La redistribución de la riqueza comienza con unos salarios justos, con un reparto de los beneficios en las nóminas que reduzca la vergüenza cada vez más cotidiana en las empresas: beneficios multimillonarios y sueldos escasos en condiciones laborales cada vez peores en las que no sólo se han perdido derechos, sino que es “peligroso” solicitar los derechos que legalmente te pertenecen.
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