martes, 10 de septiembre de 2013

AÑO I ANTES DE LA LOMCE.

A un año de la implantación de la LOMCE nos queda para este curso todo su proceso de concreción. Concreción primero de todo el desarrollo normativo que la Ley prevé y de las decisiones que sobre su aplicación directa se tomen. Concreción que en otros casos ha olvidado algunos aspectos de la ley correspondiente o se ha quedado sin aplicación real, sobre todo cuando su puesta en práctica exigía un aumento de la dotación económica.
Esta enorme cantidad de aspectos por concretar podemos clasificarlos en tres grupos: aquellos de los que depende el apoyo a los alumnos que presentan alguna dificultad, aquellos que tienen un cariz fundamentalmente técnico, y otros que aunque aparecen en las intenciones de la Ley tenemos motivos para pensar que existen dificultades para su realización.
El gran problema de los planes de refuerzo y recuperación consiste en que su aplicación exige medios extraordinarios, medios sobre los que -viendo cómo van las cosas- podemos mantener una “duda razonable” sobre su llegada.
La LOMCE establece planes específicos para alumnos que repitan y para los que no superen las pruebas de diagnóstico. Programas de refuerzo personalizados para los que promocionen con materias no superadas y refuerzo para los que superando todas las materias de ESO no superen la evaluación final.
Al mismo tiempo dispone la aplicación de planes específicos de mejora en los centros cuyos resultados sean inferiores a los establecidos.
Mucho plan para tanto recorte, al mismo tiempo que estos planes son especialmente importantes.
En lo referido directamente a alumnos, estos planes suponen la igualdad de oportunidades entre los alumnos que mostrando alguna dificultad disponen de capacidad económica para buscar apoyos externos o aquellos que mostrando esas dificultades no disponen de medios económicos. Si la escuela no ofrece realmente estos apoyos están muy cerca del fracaso.
En lo referido a los centros, suponen la dotación de medios a aquellos centros que presentan problemas graves por el tipo de alumno que acoge y por tanto, es una de las claves para que en esa evaluación en la que los centros docentes van a ser comparados tengan la oportunidad de alcanzar un nivel medio. De lo contrario, estos centros nunca podrán atender a sus alumnos de la forma adecuada y serán catalogados como centros marginales a los que sólo acudirán alumnos marginales.
En relación a estas evaluaciones “Los resultados de las evaluaciones que realicen las Administraciones educativas serán puestos en conocimiento de la comunidad educativa mediante indicadores comunes para todos los centros docentes españoles… y previa consideración de los factores socioeconómico y socioculturales del contexto.” ¿Cuál va a ser esa “previa consideración” que va a compensar las diferencias socioeconómicas y socioculturales? Cuestión delicada y fundamental establecer esas consideraciones.
En cuanto a aspectos principalmente técnicos son muchas las cuestiones a concretar. Con relación a las materias nos queda por conocer todos los aspectos del currículo: competencias a adquirir, contenidos, criterios de evaluación; sobre todo en vías o materias nuevas o que cambian en horas o cursos. Está por ejemplo la nueva vía de Formación Profesional Básica o materias que pierden horas en el conjunto de la escolarización como Filosofía u otras como Conocimiento del Medio que ahora desaparece al mismo tiempo que en su lugar se establecen Ciencias de la Naturaleza y Ciencias Sociales.
Con relación a las pruebas que tanta importancia cobran en la nueva ley –pruebas de diagnóstico y evaluaciones finales en Primaria, ESO y Bachillerato- hay que establecer su estructura, contenidos y criterios de evaluación para valorar el logro de los objetivos y el grado de adquisición de las competencias.
Una cuestión importante es saber qué medidas se van a tomar para que los cursos no se conviertan en un mero adiestramiento para la superación de las pruebas, lo cual daría muy buenos resultados en las mismas pero sería al mismo tiempo una mala educación.
No podemos olvidar tampoco los procedimientos de admisión para cursar Ciclos Superiores ni los que cada Universidad puede establecer para sus estudios de Grado.
Otro punto inicialmente previsto que crea incertidumbre es la importancia que la nueva ley concede a lo relacionado con aptitudes personales y una educación ciudadana. ¿Qué procedimientos se van a establecer para que el alumno adquiera “el pensamiento crítico, la gestión de la diversidad, la creatividad o la capacidad de comunicar.”? ¿Cómo se va a regular lo que la Ley considera “Uno de los principios en el que se inspira el Sistema Educativo Español… la libertad personal, la responsabilidad, la ciudadanía democrática…”?
Muchos temas por cerrar y muchas sospechas que conjurar. 

¿HABLAMOS?

El lenguaje es evidentemente una de las características más específicas de la especie humana. No sólo es un complejo sistema de comunicación, sino que también nos capacita para abstraer y conceptualizar. Sin embargo en este contexto, el uso del lenguaje también puede constituir una fuente de problemas en nuestra convivencia diaria. 
Esos problemas están relacionados con la indefinición de algunos conceptos. 
Está claro de qué hablamos cuando nombramos una mesa, pero ¿está tan claro a qué nos referimos cuando expresamos términos como bien o verdad? Si mi hijo va a ver una película porque le he dicho que está bien, puede volver diciendo ¿cómo puedes decirme que estaba bien?: nuestro concepto de película buena es muy diferente. 
Si nos referimos a valoraciones éticas todavía el tema se nos complica más. “Es un buen amigo”: ¿porque está en los malos momentos o porque es mayor de edad y me compra el ron que yo no puedo comprar? Incluso si me refiero al mundo físico -a mi vida- como “la realidad”, algunos filósofos y casi todas la religiones me dirán que la verdadera realidad no es ésta sino la “Vida” que vendrá tras la muerte. 
Los científicos naturales se dieron cuenta que sin un lenguaje preciso la ciencia era imposible: nadie duda del significado de una multiplicación o del significado de los símbolos que aparecen en las fórmulas físicas. Las ciencias humanas sin embargo no sólo han tardado más en aplicar este lenguaje preciso al estudio del hombre, sino que en buena parte siguen pensando que no se puede encerrar al ser humano en estrictas fórmulas. 
La persona escapa, tiene aspectos a los que sólo nos podemos acercar con un lenguaje menos preciso. Esta falta de precisión del lenguaje se acentúa enormemente al combinarse con nuestros mecanismos psicológicos. 
No es lo mismo lo que siento, lo quiero decir, lo que realmente digo y lo que los demás entienden. Una torre de Babel en la que el entendimiento parece imposible: ante una situación me puedo sentir defraudado por otra persona; al mismo tiempo que quiero decírselo, no quiero expresarlo de una forma muy drástica para no perjudicar nuestra amistad; pero como realmente me ha sentado mal, lo digo subiendo el tono y manifestando mi malestar con mis gestos; el otro interpreta que lo que estoy es enfadado y piensa que tengo muy mal carácter porque realmente no sabe porqué me expreso así. 
Al mismo tiempo mi educación, mis experiencias, mis expectativas… hacen que la interpretación de lo que escucho no sea la misma que la intención de quien lo expresa. Lo que para mí pretende ser un comentario intrascendente sobre por ejemplo una borrachera puntual, para la otra persona puede ser muy importante porque sufrió el alcoholismo en su casa. 
De ahí que la raíz de muchos de nuestros problemas en las relaciones cotidianas estén producidos no por un problema real, sino por un problema lingüístico de expresión y de interpretación. Evidentemente no podemos comunicarnos con signos inequívocos, la imprecisión es consustancial a la comunicación humana y por tanto de alguna forma hay que compensarla. Por eso, y aunque parezca contradictorio: “hablando se entiende la gente”. 
Las confusiones, las malas interpretaciones, la imprecisión al fin y al cabo, se resuelve con más lenguaje: explicando mejor las cosas, puntualizando, aclarando las expresiones conflictivas, las intenciones iniciales, la perspectiva desde la cual me expreso o escucho. Sólo procurando la claridad y la precisión, evitaremos en muchas ocasiones quedarnos con mal sabor de boca, discutir y enfadarnos por problemas que no son tales.

domingo, 4 de agosto de 2013

SOMOS TIEMPO.

Desde que el ser humano es humano la realidad que le rodea le ha producido admiración y sorpresa, se ha preguntado sobre ella y desde la religión, la filosofía o la ciencia ha intentado dar respuesta a las cuestiones que se le han ido planteando. El origen del universo, de la vida en general y de la humana en particular han sido y son interrogantes ineludibles. Físicos y biólogos van avanzando en estas explicaciones. Pero cuando ya estamos aquí, si algo somos, somos tiempo. 
El tiempo es nuestro medio, el “medio natural”, la sustancia de la vida, el que le pone límites, el que la define. Pero es un medio neutro: ni bueno ni malo, ni ganado ni perdido. El tiempo es lo que cada uno de nosotros somos capaces de hacer con él. Valorado como bien escaso que es y muchas veces perdido como seres contradictorios que somos inevitablemente, pasa. 
Decía John Lennon que la vida es lo que sucede mientras estás haciendo otros planes. Y es que con frecuencia sin darnos cuenta la dejamos pasar. Pasamos días esperando el fin de semana, meses esperando las vacaciones: pero la espera es tiempo, tiempo perdido si sólo sabemos esperar.  Queremos que un mal día acabe cuanto antes, pero hoy es el mejor día de hoy que voy a tener y, ya que vamos de cantautores no sé si “hoy puede ser un gran día y mañana también” pero lo que con toda seguridad va a ser, es único. 
Como fin último perseguimos la felicidad y frecuentemente la relacionamos con nuestra situación material. Hasta cierto punto es así pero no solo: mientras nuestras necesidades básicas no están cubiertas es difícil ser feliz y en la medida que nuestra situación material mejora lo hace también nuestra felicidad. Pero una vez que estas necesidades básicas están cubiertas el aumento de nuestros bienes materiales no van paralelos al aumento de nuestra felicidad. Si tengo dificultades para comer, en la medida que mi capacidad adquisitiva aumenta y puedo comer, aumenta mi felicidad; pero una vez que cubro esta carencia, el poder comer en restaurantes de lujo no me hace necesariamente más feliz. ¿Qué me queda una vez cubiertas mis necesidades básicas?, tiempo. 
El tiempo es también nuestra herramienta y nuestra definición. Es la herramienta que utilizo para conseguir mis fines y es nuestra definición, porque acabo siendo lo que he hecho con mi tiempo: si lo he invertido para ser fontanero, médico o maestro, con frecuencia pierdo mi propio nombre para pasar a ser el fontanero, el médico o el profesor. Soy mi pasado y soy mi futuro: acumulo ahora mis experiencias, mis decisiones, mi suerte…; actúo pensando en lo que quiero llegar a ser, en el lugar al que quiero llegar. Pero no puedo permitirme el lujo de pasar la vida lamentándome de mi pasado o hipotecado totalmente por mi futuro: soy a medio camino entre lo que fui y lo que quiero ser, pero soy ahora. 
Dedicarnos a cosas banales o a “no hacer nada” no es necesariamente perderlo. Vivimos un tiempo acelerado y estresante, un tiempo que nos pone en tensión y que pasa a toda velocidad sin apenas darnos cuenta. Parar y buscar nuestros momentos no es egoísmo, es una forma de desacelerarme, de volver más tranquilo, con más calma, con más calidad de tiempo para estar con los demás, para desarrollar nuestro trabajo. 
Nos dedicamos a veces a “matar el tiempo” como si tuviéramos de sobra, pero al final es el tiempo el que acaba con nosotros. Él queda, pero el nuestro acaba, y aquí las segundas partes no existen.

sábado, 20 de julio de 2013

UN MAL COMIENZO.

Que lo que bien empieza bien acaba es una afirmación popularmente aceptada pero que con frecuencia ignoramos. Sí entendemos que más vale acertar desde el principio que tener que rectificar –si se puede- a medio camino, pero con frecuencia no caemos en la cuenta de que algunos de “nuestros inicios” son un mal comienzo para solucionar los problemas. 
Comenzamos mal si para solucionar la dificultad necesitamos el apoyo de todos, si damos por hecho que no tenemos que hacer nada para encontrar su solución o si pensamos que volviendo al pasado la cuestión se resuelve. 
 En una reunión sobre la prevención del acoso escolar una de las madres aportó su solución: si todos en nuestras casas enseñamos que tienen que respetarse, que si no les gusta ser rechazados tampoco deben rechazar a los demás, evitaremos que se produzcan estas situaciones de acoso. Los asistentes asintieron, pero como en el anuncio de la tele: “¡¡error!!”. Si la solución al problema pasa porque todos los miembros de un colectivo más o menos amplio desarrollen un determinado tipo de actividad o mantengan una actitud, no es un buen comienzo. 
¿En cuántas ocasiones “todos” hemos hecho algo al mismo tiempo? Pensemos en convocatorias de huelga, manifestaciones contra el terrorismo o denunciar una injusticia manifiesta. Por muy evidentes que sean los motivos para que “todos” nos movilicemos o cambiemos nuestro comportamiento; el miedo, la comodidad, la sumisión, el egoísmo… hace que un buen grupo de personas se quede fuera del “todos”. Es más bien a la inversa. Son pequeños grupos los que con su persistencia y dedicación consiguen cambios importantes, pequeños grupos que a veces puntualmente consiguen un apoyo más generalizado, pero que se mantienen constantes siendo una minoría. 
Esperar los cambios sin hacer nada, desahogarnos sin comprometernos, tampoco es un buen comienzo para llegar a una solución. “Ya cambiarán las cosas”, “ya se darán cuenta”... Las cosas no cambian solas y pocas veces alguien se da cuenta si no se lo hacen ver. 
Bares, pasillos, el corrillo de fumadores… son los espacios en los que quejas, injusticias, reclamaciones o abusos se ponen sobre la mesa. Pero si hay que firmar con nombre y apellidos, unos cuantos desaparecen. Y si hay que dar la cara, el que habla mira a su espalda y prácticamente se ha quedado solo. Sin compromiso y acción las cosas no cambian, todo sigue igual. 
El remedio, tampoco está en volver: “antes sí que respetábamos a los padres” o “siempre se había hecho así”. Para algunos la solución está en reproducir formas, situaciones o modelos que un día funcionaron; pero la vuelta es imposible. Esto no significa que tengamos que partir de cero, que tengamos que olvidar principios fundamentales. Pero la solución no está en reproducir lo que un día funcionó, porque aquel día ya ha pasado. Hay que mirar al futuro, a lo que está por hacer, a lo que todavía hay que inventar. La solución no es copiar, sino reinventar. Las circunstancias cambian y con ellas el “antes hacíamos…”, “antes hablábamos…”, quedan desfasados. 
No podemos pedir la misma actitud a quien partía de poco y si estudiaba se le prometía mucho, que a quien ya lo tiene todo sin haber hecho casi nada. Sería muy sencillo tener un catálogo de soluciones para aplicar en cada caso, una especie de plantillas que colocar en cada ocasión. Pero lo que antes fue una solución, hoy no encaja. 
Replantear, imaginar, ingeniárselas para llegar a la raíz de un problema tal como hoy se plantea es mucho más complejo. Investigar caminos, equivocarse y aprender es necesario. Añorar, inútil. Un punto de partida consistente y una planificación realista, nos dan cierta garantía para alcanzar una solución acertada. Esperar la participación de todos, que las soluciones lleguen solas o por la reproducción mecánica de un modelo, no es un buen principio.

domingo, 7 de julio de 2013

JÓVENES Y GRUPOS SECTARIOS.

Los medios de comunicación nos han llevado a pensar que las sectas son exclusivamente grupos que incitan a sus miembros a suicidios colectivos o que llevan a sus adeptos a realizar actividades inmorales y/o ilegales como la prostitución y las han llamado sectas destructivas, pero no sólo estos grupos pueden ser denominados así.
Cualquier grupo que se sirva de técnicas encubiertas y engañosas para captar a sus adeptos; que destruya la personalidad, la libertad y la capacidad de pensar controlándolos psicológica y físicamente; que “obliga” a romper los lazos familiares y sociales, que aconseja ocultar la pertenencia al grupo sobretodo a los menores de edad...  puede considerarse una secta destructiva aunque las actividades de sus miembros no puedan ser consideradas inmorales ni ilegales. De hecho estas últimas son una minoría frente a ese otro tipo de grupos que de forma más discreta van captando adeptos para beneficio económico de unos pocos o para difundir ideas de corte esotérico, trascendente o incluso político.
Aunque potencialmente todos somos posibles objetivos de las sectas, los más jóvenes por sus especiales características constituyen el grupo de más fácil captación: son más idealistas, quieren cambiar la sociedad y dar sentido a su vida, se sienten incomprendidos, no tienen opiniones formadas, necesitan respuestas, las soluciones de sus padres no les satisfacen y carecen de criterios y experiencia para darse cuenta de que los manipulan.
Las técnicas de captación utilizadas por estos grupos pueden ser las relaciones personales, las actividades tapadera o los reclutadores encubiertos. Relaciones personales: Conocidos, compañeros, personas con las que no te unía una especial amistad establecen contigo relaciones de amistad, confianza, complicidad que acaban llevándote a una determinada organización: personas recién llegadas a un nuevo ambiente –barrio, colegio, etc.-, o personas tímidas que tienen dificultades para relacionarse encuentran una o varias personas que se convierten en amigos atentos que les ayudan y están pendientes de sus necesidades. Actividades tapadera: Ocupaciones u ofertas para desarrollar una determinada actividad aunque el verdadero fin es captarte para un grupo, fin que por supuesto permanece oculto: técnicas de estudio, relajación, psicología. Actividades de tiempo libre: excursiones, campamentos, fiestas, visitas culturales. Actividades relacionadas con temas filosóficos, ocultismo, culturas perdidas. Centros de estudio: academias, clases particulares o repasos. Actividades relacionadas con la solidaridad, la caridad, los drogadictos, los necesitados.... Reclutadores encubiertos: Personas que desde su puesto de trabajo se aprovechan de su situación para captar: docentes que invitan a sus alumnos a actividades que nada tienen que ver con su trabajo, abogados que sacan partido de situaciones emocionalmente complicadas como una separación...
No hay que vivir en la alarma constante pero sí es conveniente que nosotros y nuestros hijos tengamos presentes unas precauciones básicas. Si se realiza algún tipo de actividad formativa, de tiempo libre, de atención a los necesitados, o del tipo que sea hay que informarse bien de quien la organiza y preferir grupos, instituciones o asociaciones conocidas. Si no las conoces pregunta a personas que no tengan que ver con ese grupo: de quién se trata, a qué se dedica, cuál es su finalidad, su organización, su sede, etc. Busca varias fuentes de información.
No hay que fiarse si a través de una actividad con un fin determinado como dar unas clases de matemáticas se acaba hablando con un señor sobre el sentido de la vida, el bien, etc-; si una nueva amistad o una persona aprovecha su situación laboral o su cargo para  ponerte en relación con algún grupo. Desconfía si te piden que ocultes algo a tu familia o a tus amigos “porque ellos no te van a comprender”, si tras el nombre oficial de los organizadores detectas otro grupo "oculto" que no sale demasiado a la luz, si te presionan con constantes llamadas o visitas para asistir a actos y reuniones o si las posiciones que defienden "son sin duda las verdaderas" y no se está abierto a crítica.
Si en cualquier situación sospechas que de alguna forma estás en relación con una secta, "huye" lo más rápido posible, la curiosidad puede llevarte a formar parte de él. Informa a tus padres y a tus amigos para que no se acerquen a ese grupo, y  si realizan actividades ilegales haz la denuncia correspondiente.

“Fui a una conferencia  y luego nos prepararon una merienda, era gente muy simpática. Yo tenía 15 años. Quedamos para un partido y ahí surgió todo” Ex miembro de un grupo sectario.